“Todo está conectado y nada desaparece”1

 

LA VANGUARDIA – La Contra 16 agosto 2012 Ima Sanchís

Ervin László, doctor en Filosofía de la Ciencia, con cuatro doctorados honoris causa «Tengo 79 años. Nací en Budapest y vivo en la Toscana. Casado, tengo dos hijos y un nieto. La política de partidos está obsoleta, en el futuro las personas se autorganizarán en grupos. Creo en una realidad superior que puede incorporarse dentro del conocimiento científico.» “Todo está conectado y nada desaparece”

Concertista de piano, filósofo, físico… Mi interés es transdisciplinar. Si la evolución es cierta, de lo físico surgió lo biológico y más tarde lo social, psicológico, político… Es todo un continuo y yo siempre he querido entender qué proceso hay detrás de todo ello y cuál es nuestro lugar dentro de ese proceso.

Y fundó el Grupo de Investigación sobre la Evolución General. Quería saber más, y era consciente de que solo no lo iba a conseguir, así que reuní a un grupo de científicos, investigadores y pensadores para desarrollar una nueva teoría general de la evolución que iluminara el camino de un mundo mejor en respuesta a la rápida proliferación de armas nucleares.

Y el Club de Budapest (1993). De nuevo se trataba de unir fuerzas para cambiar el rumbo de nuestro mundo (insostenible, polarizado e injusto), y encaminarlo hacia la ética y el humanismo.

Visionario. Los líderes no estaban dispuestos a hacer nada. Nosotros, científicos de distintas áreas, defendíamos otro tipo de crecimiento, que hoy llaman sostenible, y teníamos claro que necesitábamos líderes de opinión para difundirlo. Entre los primeros miembros estaban el Dalái Lama, Milos Forman, Mijaíl Gorbachov, Yehudi Menuhin, Rostropóvich, Arthur Clarke, Desmond Tutu… Ahora ya somos sesenta.

Y ha encontrado una teoría científica que sustenta esa lucha. Creo que hay un campo de información como sustancia del cosmos del que participamos todos. Esa dimensión, que no se puede observar, pero que es real, hace que todas las cosas http://www.lavanguardia.com/lacontra/20120816/54337907307/la-contra-ervin-laszlo.html Pág. 1 de 3 se conecten entre sí, y es también una memoria: cuando algo tiene lugar, la información permanece en esa dimensión.

Le ha llamado campo akásico. Hace 5.000 años los sabios hindúes, aparte de los cuatro elementos (aire, fuego, tierra y agua), definieron un quinto que los contiene a todos: akasa, matriz de toda materia y fuerza del universo. Me di cuenta de que esa idea era la que yo intentaba definir como campo psíquico profundo, y le cambié el nombre. Hoy muchos científicos trabajan con ella.

¿Tiene bases científicas? Sí, tengo varios libros publicados que ahondan en ello.El campo akásico crea coherencia entre los distintos campos (electromagnético, gravitatorio, nuclear, cuántico y el de Higgs) y explica los misterios que las diversas ciencias compartimentadas no son capaces de explicar, por ejemplo: no se entendía cómo organismos complejos se transformaban en otra especie, capacidad sin la cual todavía seríamos algas marinas.

Las llaman mutaciones espontáneas. Sir Fred Hoyle, reconocido cosmólogo y físico, calculó la posibilidad de ese azar: “Equivale a que un huracán entre en un desguace, y que su paso deje un avión montado”.

¿Entonces? Todo está autorganizado. Yo y otros científicos creemos que el campo akásico está implicado en la evolución de los universos.

¿Cómo evolucionan los universos? Nacen unos de otros. Al big bang se le llama ahora el big bounce (el gran rebote). Un universo como el nuestro va expandiéndose hasta que se colapsa y empieza a contraerse hasta una dimensión cuántica, toda la materia del universo acaba en la cabeza de un alfiler, y entonces la fuerza de expansión es tan fuerte que ocurre una explosión que crea nuevos universos.

¿Y vuelta a empezar? La información que se ha generado en este primer universo es heredada por el segundo, de la misma manera que un cigoto tiene la información de los padres. El campo akásico es holográfico, la información de toda la imagen está en cualquier punto. Todo está conectado y nada desaparece.

Entonces, usted o yo, ¿contenemos toda la información del universo? En un estado alterado de conciencia podemos acceder a esa información, que no está en el cerebro pero que éste es capaz de capturar. El gran error del mundo moderno ha sido considerar que todo lo que no se puede oír, tocar o ver es una ilusión. La realidad fundamental no es observable directamente, y le voy a dar un ejemplo.

Adelante. Si tiro el bolígrafo, observo cómo opera la gravedad, pero no puedo ver el campo gravitatorio, sólo el efecto. Todas las fuerzas de la naturaleza están en esa dimensión más profunda, y sólo observamos los efectos. Yo baso mi teoría en la física cuántica, en las observaciones biofísicas de los seres vivos, en la psicología transpersonal y en la cosmología que estudia los multiversos.

¿Cómo explica la convulsión actual? Es parte de la dinámica de la evolución. Cuando se alcanza un punto crítico, que es el punto de bifurcación, el sistema o bien se desmorona o bien se reorganiza de otra manera para estabilizarse.

Y estamos en ese punto crítico. La Tierra es como una nave espacial, con una tripulación de 7.000 millones de personas, Pág. 2 de 3 recibe energía del Sol pero no materia, por tanto la regla es sencilla: hay que reciclar, vivir en armonía entre nosotros y con el planeta, crear una cultura más ética.

¿Cuál es el primer paso? Alcanzar una masa crítica, bastará un 1% del 1%. Por eso hemos creado la Universidad del Cambio Global a través de internet .

Aviso: la responsabilidad del contenido de esta entrada es pura y únicamente competente a su autor.

NUESTRA VERDADERA ESENCIA

¿Qué es la verdad? (Mark Passio)
El momento que vivimos actualmente es el inicio de un proceso en el que la especie humana va llegando a ser más conocedora de la existencia de la Verdad, y va experimentando una conexión profunda con ella en el núcleo de su ser.


¿Qué es la Conciencia? (Mark Passio)
La Conciencia es la habilidad que posee un ser de reconocer modelos y significados en relación a los acontecimientos que ocurren, tanto en su interior como en el espacio exterior en el que el ser existe y funciona.


Entrevista a Ervin László para La Contra de La Vanguardia – 16-8-2012
LA VANGUARDIA – La Contra 16 agosto 2012 – Ima Sanchís


LA INTENCIÓN DA FORMA AL MUNDO – Patrick Quanten- oct. 2007
Prestando atención a la intención. Cómo la intención da forma al mundo en que vivimos.


¿¡ Y tu que Sabes!?

“La mente intuitiva es un regalo sagrado y la mente racional es un fiel sirviente”
Albert Einstein

El documental “Y TU QUE SABES” hay que verlo varias veces e ir asimilándolo poco a poco, la física cuántica nos explica cómo la REALIDAD que nos rodea la creamos nosotros mismos, lo cual quiere decir que, por ejemplo, una silla está ahí porque el observador lo hace posible.

Realmente, la materia no existe de forma estable, sino que son estados transitorios o posibilidades energéticas formadas a través de la conciencia o el pensamiento. Siguiendo este razonamiento, además, es posible y ya demostrado experimentalmente la bilocalización, es decir, que una partícula puede estar en más de un lugar simultáneamente. ¿Han oído hablar de universos paralelos o multiversos?

Este excelente documental que explica todo esto tiene ya unos cuantos años, no crean que este conocimiento es nuevo, el hecho de que se nos haya ocultado sistemáticamente la metafísica cuántica, no significa que no sea una realidad conocida en la Tierra desde hace milenios.

VERSIÓN EXTENDIDA DEL 2006

THRIVE: What on earth will it take? (Castellano)
PROSPERAR: ¿Cuánto le costará al planeta?
THRIVE es un documental poco convencional que, siguiendo el curso del dinero, nos desvela una gran parte de lo que realmente sucede en nuestro mundo, dejando al descubierto la consolidación global del poder en casi todos los aspectos de nuestras vidas. Enlazando los avances en ciencia, conciencia y activismo, THRIVE presenta soluciones reales y nos ofrece estrategias viables para transformar nuestras vidas y nuestro futuro.

http://www.thrivemovement.com

Aviso: la responsabilidad del contenido de esta entrada es pura y únicamente competente a su autor.

Los migrantes internos informan de malos tratos y humillaciones por parte de policías que custodian los centros Las ONG denuncian nuevas agresiones en los CIE de Aluche, Zapadores y Zona Franca

 

El pasado nueve de octubre tuvo lugar una concentración frente al Centro de Internamiento de Extranjeros (CIE) de Aluche, en Madrid, en apoyo a los internos, también para pedir el cierre de estos centros y el final de las deportaciones de personas migrantes. “Los niveles de violencia se estarían manteniendo de forma insostenible en el CIE de Aluche”, denunció SOS Racismo-Madrid a partir de la denuncia de las víctimas. El último de los episodios se produjo el cinco de octubre, según el relato de un joven interno, quien denunció el “trato humillante”, las “continuas vejaciones” y los “insultos racistas” presuntamente vertidos por algunos agentes de la Policía Nacional. Según un comunicado de la ONG antirracista, los reclusos fueron trasladados al patio, donde entró un amplio grupo de efectivos policiales, muchos de ellos miembros de la Unidad de Intervención de la Policía Nacional (antidisturbios). Los agentes se dirigieron al joven recluso, según la denuncia de éste, con frases como “cuando venga tu mujer la vamos a follar” o “te vamos a encerrar”.

A continuación un grupo de cuatro o cinco policías comenzaron a golpearle “de manera brutal y contundente”, expresó el interno en un escrito remitido al juez de control del CIE. El periplo del migrante prosiguió en la celda de aislamiento, donde habría pasado la noche “herido, con frío y sin abrigo ni asistencia”. No sólo permaneció 22 horas aislado, afirmó, sino que tampoco recibió atención sanitaria alguna. Activistas de SOS Racismo dieron cuenta del estado del joven cuando pudieron visitarlo: “estaba sudando de una manera intensa, con hematomas en los ojos y heridas por todo el cuerpo”. La ONG señaló que no se trata de hechos aislados, sino que vienen ocurriendo durante las últimas semanas en el CIE de Aluche; “se detecta un uso impune y desproporcionado de la fuerza por parte de la policía”, afirmaron. SOS Racismo trasladó la denuncia de los hechos al Juzgado de Control del CIE y al Defensor del Pueblo; además, el siete de octubre informaron del inicio de los trámites para interponer, con el apoyo de la Coordinadora para la Prevención y Denuncia de la Tortura, una denuncia por la vía penal.

No fue el único caso que ha trascendido. El 24 de septiembre 60 internos del CIE de Aluche denunciaron en una carta al Juez de Control los “constantes abusos de autoridad y tratos vejatorios por parte de los agentes”. Además las burlas y malos tratos de carácter xenófobo se encarnizan particularmente con los internos que no hablan la lengua castellana, según la denuncia de los migrantes, de la que se hizo eco SOS Racismo. La mayoría de ellos fueron encerrados en el CIE tras su entrada en el estado español por la frontera sur. También procedían de la frontera buena parte de los 50 migrantes que se escaparon del CIE madrileño el pasado 30 de septiembre. Los migrantes informaron, según recogió en un comunicado SOS Racismo, de “una sucesión de malos tratos, tanto hacia los que participaron en la fuga como contra quienes no lo hicieron”. Uno de los jóvenes reclusos denunció que, cuando se marchaba por la noche a su celda, dos policías le propinaron supuestamente un empujón y una patada en el pecho. Dado que el agredido vomitó sangre, tuvo que recibir asistencia médica.

Dos de los inmigrantes que la policía encontró en las proximidades del CIE de Aluche -informa la ONG- habrían sido esposados y golpeados, según la declaración de las víctimas. Uno de ellos perdió el conocimiento. Los activistas de SOS Racismo constataron que tenían “el cuerpo cubierto de hematomas”. Otro de los jóvenes afirmó que un policía cerró la puerta en la que tenía apoyada la mano, de modo que se la aplastó y la extremidad comenzó a sangrar. Sin embargo, el migrante fue obligado, según su relato, a permanecer en el comedor del CIE. Unas horas después fue trasladado al servicio médico del centro de internamiento y al hospital. Ocurrió el uno de octubre. Al día siguiente, los reclusos del módulo de la primera planta también aseguraron recibir “golpes indiscriminados e insultos”. Pero la cadena de sucesos no terminó en este punto. SOS Racismo informa de que la policía interpuso una denuncia contra dos de los migrantes que testimoniaron las agresiones. Algunas de las declaraciones describen la realidad cotidiana del centro de Aluche: “Todos los días nada más levantarnos recibimos un trato racista, empujones, insultos y amenazas”, le trasladaron las víctimas al Juez de Control.

En el Centro de Internamiento de Extranjeros de Zapadores, en Valencia, la Campaña por el Cierre de los CIE ha alertado de situaciones similares. De hecho, 39 internos denunciaron ante el Juzgado Número Tres de Valencia y el Defensor del Pueblo hechos como el siguiente, de los que se hizo eco la Campaña: “La policía responde de manera agresiva y violenta llevándoles a una celda pequeña sin cámaras, que usan para golpear a los internos con el fin de callarlos, lo que provoca el pánico general”. La denuncia ante las dos instancias citadas se produjo después de presentar varias quejas ante la dirección del CIE, “sin obtener respuesta”. Pero además de dar cuenta de las agresiones, los 39 reclusos se refirieron a las condiciones estructurales del centro: duchas con agua fría; necesidad de orinar en botellas por la noche, dado que las celdas carecen de baños y los agentes no les permiten desplazarse; o “‘entradas’ nocturnas de los policías que hacen imposible el descanso”. Una denuncia habitual en el centro de Zapadores son las plagas de chinches, que recorren las celdas desde 2014. La presencia de estos parásitos llevó al cierre del CIE en octubre de 2016, con el fin de proceder a la desinfección. El centro de internamiento se reabrió el pasado mes de marzo, pero los insectos continúan a día de hoy. Coincidiendo con la reapertura, las ONG denunciaron un aumento de las redadas policiales por “perfil” étnico, incluso cerca de las sedes de las organizaciones.

En el CIE de Zapadores se pasa miedo. La Campaña informa de que los migrantes son objeto de empujones sin razón alguna. Además recuerdan que en agosto se presentaron dos denuncias ante el juzgado por intentos de suicidio y lesiones. Los activistas apuntan el siguiente motivo: “No soportan el trato recibido”. La denuncia de los migrantes ante el juzgado y el Defensor del Pueblo describe de manera vívida lo que ocurre en el recinto carcelario: “Nos tratan como a animales”. Entre otros ejemplos de vulneración de los derechos humanos, las ONG destacan “la prohibición ocasional de practicar la religión libremente o bien instarles a hacerlo en situaciones degradantes o irrespetuosas”. Asimismo denunciaron “golpes de porra durante el rezo”.

Presunto delito de lesiones y contra la integridad moral por parte de funcionario público, con las agravantes de abuso de superioridad y motivaciones racistas. Son los motivos constitutivos de la denuncia firmada por tres internos del CIE de Zona Franca, en Barcelona, y presentada el 26 de septiembre ante el juzgado de guardia por Tanquem els CIE y el Centre Irídia de Defensa dels Drets Humans. Estarían presuntamente implicados una decena de agentes del turno nocturno, incluido el mando de los mismos. Los hechos ocurrieron cinco días antes, cuando una quincena de migrantes se hallaban ante la puerta que da acceso a uno de los patios del CIE. Cuando los agentes policiales abrieron la puerta, comenzaron las agresiones, según consta en la denuncia. A quienes lograron entrar en el patio, se les separó de manera violenta en dos espacios: la sala en la que los internos esperan el suministro de la medicación, y la celda de aislamiento. En la primera de las zonas se produjeron agresiones por parte de los agentes, relata el texto de la denuncia, después que estos apagaran la luz; allí “nos dejaron encerrados durante unas tres horas”. Los conducidos a la celda permanecieron el mismo tiempo encerrados.

Ya en los lavabos, lugar exento de cámaras, cinco policías con porras les obligaron a desnudarse y “con guantes de plástico nos pegaron, dándonos puñetazos y porrazos, mientras nos gritaban ‘hijo de puta’ y ‘putos moros’”. Además no pudieron asistir al servicio sanitario del CIE hasta el día siguiente, y tampoco se les facilitó el parte. El denunciante que, aquejado de fuertes dolores en la espalda solicitó una radiografía, no recibió respuesta. El relato de las vejaciones descrito en la denuncia continúa en las habitaciones, donde los migrantes fueron golpeados con sus zapatillas, después que se les forzara a denudarse y realizar “sentadillas”.

En el balance del 21 de septiembre en el CIE barcelonés, migrantes con lesiones por todo el cuerpo; otros, enfermos de escoliosis (desviación de la columna vertebral) y que por las agresiones requieren calmantes durante todo el día; miedo a las represalias, angustia, insomnio, brechas en la cabeza por los golpes de porra y graves lesiones en el brazo. También se dio otra circunstancia: “por ser argelinos y no entender el castellano recibimos un trato racista y nos insultan; son los compañeros marroquíes los que nos ayudan a saber lo que nos dicen”. Tampoco estos hechos constituyen una novedad en el CIE de Zona Franca. Según informó Tanquem els CIE, el pasado 26 de julio un policía nacional del centro de internamiento agredió a un interno de 19 años y de origen argelino. Al día siguiente, cerca de 50 reclusos del centro comenzaron una huelga de hambre contra las vejaciones y el trato violento.

Rebelión ha publicado este artículo con el permiso del autor mediante una licencia de Creative Commons, respetando su libertad para publicarlo en otras fuentes.

Aviso: la responsabilidad del contenido de esta entrada es pura y únicamente competente a su autor.

JO SÍ QUE TINC POR

Rosa Maria Chía 

És incomprensible, intolerant i xulesc, l’actitud del govern central d’exercir la força repressiva contra Catalunya pel fet de pretendre fer un referèndum, així com la dels polítics catalans: CIU els del 3%, els de la corrupció i repressió cap el seu poble, donant sempre suport al PP en les mesures econòmiques exercides contra els treballadors i ciutadans, ERC eterna còmplice de CIU i la CUP, ex antisistema, però col.laboradora amb el govern de CIU. Tots ells han jugat amb els sentiments de la ciutadania gràcies al suport dels medis de comunicació subvencionats i comprats per ells.

No crec en cap sentiment “patriòtic” d’uns polítics miserables tant de CIU que van arrossegar als catalans a una debacle econòmica mentre ajudaven a les grans multinacionals i als poders financers com del PP que té el deshonor d’engrossar el partit amb més membres corruptes i imputats del país, i que no els hi ha tremolat la mà en signar acords sagnants i bèl·lics contra altres països (l’Irak) i dels treballadors i, així mateix, portant la ruïna a Espanya per salvar la Banca, les elèctriques, etc. però el que m’ha colpit més de tot, ha estat comprovar com els ciutadans de Catalunya es llencen al carrer per defensar una cosa tan abstracta com és el sentit de “Pàtria” amb el desig d’ afegir més fronteres a les que ja existeixen actualment, quan jo tinc el sentiment d’enderrocar tots els murs que separen els humans. A més a més, la majoria d’aquesta massa humana que ara omplen els carrers, a causa dels discursos nacionalistes que ens assetgen des de tots els nostres mitjans de comunicació, mai no s’han manifestat quan els governs d’una i d’altra banda exercien la violència de retallar i acabar amb tots els seus drets, perquè d’aquest terrorisme d’estat no en parlaven els medis.

-Estic totalment d’acord que es faci un referèndum, però no d’aquesta manera, amb tanta precipitació, quan estem parlant d’una decissió molt important, els efectes de la qual afecten a tota la ciutadania. No tindria cap tipus de garantia. S’hauria d’haver esperat un temps per poder exposar el punt de vista tant dels partidaris del Sí com dels del No, amb el respecte que es mereixen les diferents opinions, i que els mitjans de comunicació no s’haguessin abocat només pel Sí i els seus partidaris, i sobretot, que no hi hagués una actitud totalitària i violenta de penalitzar i estigmatitzar les persones que no estan d’acord amb la independència, ja que demostra un caire antidemocràtic i totalitari, molt perillós, que a mi, SÍ que em fa por! i com a cosa imprescindible, que ens expliquessin cap a quin tipus d’ideari polític ens decantaríem, perquè l’únic que sabem és que sortiríem d’Espanya, d’acord, però i de l’OTAN? i del FMI? I de la Troika? i de l’Euro? i de la UE…? Es nacionalitzaria la Banca, les elèctriques…?Aquestes són qüestions fonementals, sense les quals no es pot prendre partit ni per un costat ni per l’altre. Siguem seriosos! Per tot plegat, jo pregunto, què hi ha darrere de les posicions del govern central i del de Catalunya? No serà crear un clima de crispació i de nacionalismes emocionals per distreure’ns i fer-nos oblidar de totes les corrupcions d’ambdós grups, dels retallats que ens han tret aquests pocavergonyes i dividir la societat catalana i l’espanyola?

Em basaré tan sols amb alguns punts, per no allargar-ho massa, de com l’estat central i la Generalitat ens van declarar la guerra social i econòmica als ciutadans, i tal com ja he dit abans, tothom ho va acceptar submisament ja que els medis de comunició subvencionats pels dos governs ens els van vendre com inevitables.

1)L’esmena de l’article 135 de la constitució l’any 2011 en el qual el PSOE i el PP van pactar l’estabilitat pressupuestària per sobre de la social, segons van dir a causa de la pressió dels mercats, obligant a seguir aquest dictamen a les Comunitats Autònomes sense fer cap referèndum, en plan dictatorial. Això va representar un cop d’estat, i tanmateix la societat ho va acceptar. No vaig veure cap aldarull a Catalunya per una infracció il·legal d’un canvi de la constitució que retirava l’estat del benestar per una acatació als mercats.

2)Es va rescatar la banca, del 2008 al 2014, amb 60.000 milions d’euros amb diners públics, el 75% dels quals mai no es podran recuperar, mentrestant la ciutadania estava patint una crisi econòmica que la va portar a l’atur i a la pèrdua de coses tan bàsiques com de la seva vivenda i de vegades de la seva vida i tanmateix la ciutadania ho va acceptar passivament.

3)Al 2011, el govern de Catalunya va retirar la renda mínima d’inserció a moltes famílies de Catalunya que es van quedar sense cap recurs econòmic. Tot plegat va suposar una debacle econòmic en cadena, ja que moltíssimes famílies ja no van poder pagar el menjar, les escoles, els llibres, els lloguers… i que també va afectar als petits propietaris dels immobles que es van quedar sense cobrar. Els que vam viure aquesta situació, ens quedarà gravat per sempre, els drames humans que vam presenciar en famílies amb criatures que es van quedar a la misèria més absoluta, però ningú va sortir al carrer.

4)Al maig del 2011, el conseller Felip Puig va ordenar carregar contra les persones que es concentraven pacíficament a la plaça de Catalunya amb el lema “no ens representen” ocasionant ferits de diverses consideracions a més de la pèrdua d’un ull d’una dona. La resposta del govern convergent presidit per Artur Mas va ser tan violenta i fascista com en els temps de’n Franco, exercint la força de la repressió contra els ciutadans que es manifestaven pacíficament.

5)És de sobre conegut que la majoria de pactes econòmics contraris al benestar de la societat i dels treballadors han estat originats amb les votacions conjuntes de CIU i del PP. Recordem la Reforma laboral del 2012 que va facilitar els acomiadaments dels treballadors i que va ser aprovada pels vots de CIU i del PP. Algú es va rebel.lar per tal indignitat?

6)SANITAT
Dades corresponents a l’estudi dels Serveis públics, diferències teritorials i igualtat d’oportunitats del 2015.
Catalunya es troba entre les autonomies que menys despesa per habitant van fer l’any 2013 en Sanitat. La diferència de despesa pública per habitant entre comunitats autònomes en sanitat, educació i protecció social s’apropa al 60 per cent.
Des de l’arribada de CIU al 2011, amb el conseller Boí Ruiz , que va realitzar unes retallades d’un 14,3% del pressupost de la Generalitat (1.408 milions d’euros) es van tancar 775 llits i reduits 1.167 metges. Va optar per sacrificar la universalitat de la sanitat i van limitar les prestacions. Va rebaixar un 30% els salaris i les condicions laborals del personal sanitari, la despesa en farmàcia i va frenar les inversions. Va establir el copagament d’un euro per recepta, el qual va ser suprimit pel dTribunal Suprem al 2013.El finançament de la sanitat pública a Catalunya ha estat al voltant del 5% del PIB, quan estats equivalents al nostre superen el 8% del PIB. Tampoc la ciutadania de Catalunya no es es va llançar al carrer massivament per defensar la nostra sanitat, tanmateix, a Madrid, la Marea Blanca, unint-se la majoria en el mateix clam, van aconseguir aturar el pla de privatització dels hospitals Infanta Sofia, Infanta Cristinala, Infanta Leonor, del Sureste, de l’Henares i del Tajo.

7)EDUCACIÓ:
Segons els informes de la Fundació Bofill corresponents al 2015, la inversió pública de Catalunya està al mateix nivell de la del Perú, Laos i Guatemala. De fet és la més baixa de tot Europa, i representava només el 2,8% del PIB català d’aquell any, mentre que l’estudi mostra que el Perú inverteix l’equivalent al 2,76% del seu PIB i Laos i Guatemala, una dècima més.

Catalunya és la comunitat que més ha retallat en educació. Ha retallat cinc vegades més que el conjunt de la UE. i per aquesta causa, les famílies, han hagut d’augmentar molt la seva aportació.

Entre el 2009 i el 2013 hi va haver una retallada de 1.157 milions, que representa un 16,7%. Ningú no ha lluitat pels carrers en defensa dels nostres nens i joves.

8)SEGURETAT CIUTADANA.

La partida dels mossos d’esquadra és pagada directament des del’estat central, no ho paga Catalunya.

Per tot plegat, considero que tots els partits polítics, tant del govern central, el PP, partit que se l’hauria de jutjar, entre altres moltes coses, per genocidi a l’Irak i presidit per Rajoy, com de Catalunya amb CIU (partit corrupte que ha exercit la violència física i econòmica als ciutadans) ERC (que s’alia sempre amb CIU) i la CUP formada per un grup de persones que van canviant la seva ideologia segons les circunstàncies i que podien ser en un moment abans de les eleccions antisistemes, posteriorment pro-sistema amb CIU i en aquests moments, el dia que Catalunya va ser presa per l’exèrcit, en comptes de comportar-se amb la seriositat i talla política que correspon a uns representants polítics de Catalunya es van posar a ballar el “txarango” Patètic, vergonya aliena…Berlanga ha tornat al nostre país. JO SÍ QUE TINC POR EN PENSAR EN MANS DE QUI ESTEM!

No hay texto alternativo automático disponible.
No hay texto alternativo automático disponible.
Aviso: la responsabilidad del contenido de esta entrada es pura y únicamente competente a su autor.

Los secretos sucios del templo: de cómo la Reserva Federal de USA y los bancos manejan el mundo

FUENTE: Rebelión - Stephen Lendman

Hace años leí el excelente libro de William Greider, publicado en 1987, sobre el funcionamiento del Sistema de la Reserva Federal de USA. Detallado y explícito, es una lectura maravillosa e informativa, con la excepción de la solución que sugiere para un inmenso problema. Fue, por lejos, demasiado tímido. Este artículo propone una solución muy diferente. Greider llamó su libro “Secrets of the Temple” [Secretos del Templo] con un subtítulo: “Cómo la Reserva Federal maneja el país.” Un subtítulo mejor podría haber sido como la Fed (y muchas otras bancas centrales esenciales) manejan el mundo. Este artículo trata de resumir lo que hace, cómo lo hace, a quien beneficia y a costa de quienes. Para los que no están al tanto, prepárense para informaciones y comentarios sorprendentes.

Aclaremos algo desde el inicio. La Reserva Federal de USA, el Banco de Inglaterra, el Banco de Japón y el Banco Central Europeo (de los 12 países europeos que adoptaron la moneda común europea en 1999) son instituciones con un poder enorme, mucho más allá de lo que puede imaginar la gente en algún sitio del mundo. Estos bancos centrales, los más dominantes de todos, así como la mayoría de los demás, tienen una poderosa influencia en las condiciones financieras en casi todos los países, incluyendo, desde luego, los suyos, en un mundo financiero con cada vez menos fronteras, en el que un evento económico importante en una nación puede afectar, para bien o para mal, a la mayoría.

Otro poderoso banco forma también parte del mundo financiero actual. Hay que mencionarlo por su importancia, aunque requiere un artículo separado para explicar de modo más completo cómo trabaja. En el Banco de Pagos Internacionales (BIS, por sus siglas en inglés), hermético, inviolable y sin responsabilidad ante nadie, fundado en 1930 y basado en Basilea, Suiza. Este banco, del que la mayor parte de la gente jamás ha oído hablar, es el banco central para sus bancos centrales miembros – una especie de “mandamás de mandamases” bancario, equivalente a lo que al parecer existe en el mundo enigmático de los Dones de la Mafia. Como la mayoría de las demás bancos centrales, incluyendo a la Reserva Federal (explicado más adelante), es de propiedad privada de sus miembros.

Algunos académicos y otros que han estudiado el BIS creen que la elite dominante del capitalismo financiero estableció este banco de bancos para que esté en la cima del poder a fin de que ejerza su autoridad sobre un sistema financiero mundial poseído y controlado por ella. Se piensa que su plan era utilizar este banco para dominar el sistema político de todos los países y controlar la economía del mundo de un modo feudal. En una palabra, la idea es que esa súper-elite quiere regir el mundo controlando su dinero, y que estableció ese todopoderoso banco de bancos supranacional para que así lo hiciera. Por importante que sea, esa discusión quedará para otra ocasión, ya que la intención de este artículo es concentrarse sólo en la Reserva Federal de USA.

Los bancos centrales dominantes y el BIS, junto con la mayoría de los otros, ejercen su influencia en una alianza mutua de tipo cartel para asegurar que todos se beneficien más de lo que harían sino fuera por ese confortable arreglo. Con su inmenso poder no es jugar con palabras si uno dice que esas instituciones financieras ciertamente gobiernan el mundo. Porque pueden crear dinero, financian las necesidades de sus gobiernos, sus fuerzas armadas y todas las actividades empresariales, que no podrían funcionar sin un suministro expeditivo de esa mercancía, la más necesaria de todas. Es el dinero, no el amor, lo que hace que el mundo se mueva, y los banqueros centrales tienen el poder de crear o sacar de la circulación mucho o poco, según gusten y con la intención que se les ocurra. Es el tipo de poder que puede mover o destruir montañas.

Ningún banco central nacional es más poderoso en la actualidad que la Reserva Federal de USA, pero no fue siempre así, y ahora enfrenta competencia por el primer lugar, lo que no había conocido desde la Segunda Guerra Mundial. La Fed, como lo llaman, ha existido desde que fue establecido originalmente por una ley del Congreso en 1913. Pero el Banco de Inglaterra ha existido desde que Bretaña controlaba los mares, desde 1694, cuando el Rey William III necesitó ayuda para financiar el tipo de aventura que requiere mucho dinero disponible – la guerra. En aquel entonces fue contra Francia, y el rey necesitaba un banco amigo que lo imprimiera para su uso, para ayudarle a combatir. También necesitaba ayuda financiera para facilitar el comercio y administrar la deuda del país que siempre aumenta cuando se libran guerras. El Banco de Inglaterra no fue el primer banco central, pero fue el primer banco central de propiedad privada del mundo moderno en un país poderoso. Se llamó el Banco de Inglaterra para impedir que el público supiera que, igual que nuestra Reserva Federal, era y sigue siendo de propiedad privada y no parte del gobierno. También fue el modelo utilizado en la formación de nuestro propio banco central y de la mayoría de los otros.

Los británicos podrán haber tenido una ventaja de 219 años sobre la Fed, pero los banqueros centrales sólo son tan poderosos como los países que representan y sus economías. En la actualidad los otrora dominantes británicos tienen que aceptar el papel menor de ser sólo uno de muchos socios inferiores de un hegemón USA que emergió después de la Segunda Guerra Mundial como el poder económico dominante del mundo. Siguen siéndolo hoy en día, aunque algunos expertos fiables creen que este país puede haber llegado a la cumbre y se halla en decadencia. Algunos van más lejos y afirman que nuestra decadencia ha sido acelerada por la desastrosa política del gobierno Bush que cree irracionalmente que librar la guerra sin fin contra el mundo es la manera de gobernarlo, de impulsar un crecimiento económico y una dominación sin fin, y de preservar así la posición preeminente de la nación como el campeón económico reinante.

Es fácil cuestionar este punto de vista y pensar que el campeón se ha subido al cuadrilátero algunas veces de más, tiene planes interminables de volver a repetir sus combates, y que probablemente le pasará lo mismo que a muchos personajes anteriores que no supieron cuándo abandonar y terminaron con un daño cerebral crónico, conocido como demencia. La lección de la historia es siempre la misma. El precio a pagar por una conducta imprudente es elevado, doloroso e inevitable. Vale para los países así como para los individuos, pero demasiado a menudo ni los unos ni los otros lo ven hasta que es demasiado tarde. La mayor diferencia entre USA de hoy y otras naciones del pasado que pagaron caro por no ceder cuando ya era demasiado tarde es que tenemos un arsenal todopoderoso, como los demás nunca tuvieron. Si decidiéramos utilizarlo, probablemente no quedaría gran cosa para un sucesor. No es un pensamiento agradable, pero es muy real.

Todo comenzó en 1910 en la isla Jekyll

Suena como el título de una película de horror, pero los eventos de la vida real que ocurrieron en 1910 en esta isla de propiedad privada a poca distancia de la costa de Georgia habría sido un reto hasta para la imaginación de la fábrica de pesadillas de Hollywood.

En la isla Jekyll se reunieron en secreto durante nueve días siete hombres muy acaudalados y poderosos y crearon el Sistema de la Reserva Federal que nació tres años más tarde, el 23 de diciembre de 1913 mediante una ley del Congreso. Desde entonces, la nación y el mundo nunca volvieron a ser lo mismo, sólo se beneficiaron los ricos y poderosos. De eso se trataba, y funcionó tal como lo planificaron.

La Ley de la Reserva Federal que le dio origen es seguramente una de las obras legislativas más desastrosas para el bien público que jamás haya sido producida por un organismo legislador. También puede haber sido y sigue siendo ilegal según el Artículo 1, Sección 8, de la Constitución que casualmente es la ley inviolable del país. El artículo indica que el Congreso tendrá el poder de acuñar (crear) dinero y de regular su valor. En 1935, la Corte Suprema de USA determinó que el Congreso no puede delegar constitucionalmente su poder a otro grupo u organismo. El Congreso actuó, por lo tanto, en violación de la misma Constitución que juró preservar y al hacerlo creó el Sistema de Reserva Federal que, como explicaremos más adelante, es una corporación privada con fines de beneficio que opera a costa del bien público. Mediante su acción, nuestros legisladores cometieron fraude contra el pueblo del país y hasta ahora se han salido con la suya sin que el público ni siquiera conozca el daño que se ha infligido.

El vergonzoso resultado es que lo que jamás debería haber llegado a ver la luz es ahora la institución más dominante del mundo, y todo debido a lo que comenzó en una isla de propiedad privada de nombre espeluznante. Pero, si el Congreso hubiese actuado responsablemente, la ley de creación de la Fed jamás habría sido promulgada. La legislación que la estableció fue tan dañina para el interés público, que probablemente jamás habría sido aprobada si no hubiera sido encauzada mediante una reunión del Comité Parlamentario de Conferencia organizada en plena noche entre las 1.30 y las 4.30 AM (mientras dormía la mayoría de los miembros del Congreso) el 22 de diciembre de 1913. La Ley fue votada al día siguiente y aprobada a pesar de que muchos miembros del organismo habían partido para sus vacaciones de Navidad y la mayoría de los que se quedaron no habían tenido el tiempo necesario para leerla o conocer su contenido. ¿Suena familiar? Pero la aprobaron (como un ladrón en la noche) y fue convertida en ley por un Woodrow Wilson inconsciente o cómplice, que admitió posteriormente que había cometido un terrible error, diciendo “Arruiné inconscientemente a mi país.” Pero era demasiado tarde para autopsias, y el pueblo usamericano lo ha pagado caro desde entonces. Es hora de que el público lo comprenda y comience a exigir que se termine con más de 90 años de daño.

Eso casi ocurrió hace 43 años cuando un presidente decidió actuar a favor de la gente que lo eligió. Ese hombre fue John Kennedy, quien planificó antes de su muerte el fin del Sistema de Reserva Federal para eliminar la deuda nacional que un banco central crea al imprimir dinero y prestárselo al gobierno. Esa deuda ha aumentado ahora a más de 8.400.000.000.000 dólares que tienen que ser pagados por todos los contribuyentes, quienes lo han hecho por una suma que asciende a casi 174.000.000.000 de dólares sólo en los tres primeros meses de 2006. Este servicio de la deuda es ahora un monto anualizado que excede dos tercios de un billón de dólares. Ha enriquecido a los banqueros (de eso se trataba) y ha empobrecido al público, porque nos cobran impuestos para pagar la cuenta. No es exagerado decir que se trata del mayor fraude financiero en la historia del mundo que aumenta con cada día que pasa.

La deuda era menos onerosa hace 40 años, pero Kennedy comprendió el peligro que representaba para el país y la carga que imponía al público. Por lo tanto, el 4 de junio de 1963, dictó la orden presidencial EO 11110 dando autoridad al presidente para emitir moneda. Luego ordenó al Tesoro de USA que imprimiera 4.000 millones de dólares en “Billetes de USA” para reemplazar los de la Reserva Federal. Su intención era de reemplazarlos todos cuando hubiera suficiente cantidad de la nueva moneda en circulación para poder terminar con el Sistema de la Reserva Federal y el control que daba a los banqueros internacionales sobre el gobierno de USA y el público. Sólo meses después de la entrada en vigencia del plan Kennedy, fue asesinado en Dallas en lo que seguramente fue un golpe de estado disfrazado para que pareciera otra cosa y que puede haber sido realizado, por lo menos en parte, para salvar el Sistema de la Fed y la concentración de poder que creó, tan beneficioso para los poderosos banqueros del país. Los que se beneficiaban tenían buenos motivos para involucrarse en la conspiración para proteger el privilegio especial al que no estaban dispuestos a renunciar sin lucha. Es una explicación plausible que podría explicar quién puede haber estado tras el asesinato y por qué motivo. Sea cual sea la verdad, el cartel bancario sólo se vio afligido por poco tiempo. Una vez que Lyndon Johnson se hizo cargo, rescindió la orden presidencial de Kennedy y restauró el antiguo poder del cartel. Lo ha mantenido desde entonces y ahora, por cierto, es más poderoso que nunca. Ni siquiera los presidentes son capaces de detenerlo y los que quisieran tratar de hacerlo, tienen una lección que les da la historia para que reflexionen.

Los predecesores de los posibles complotadores del golpe contra Kennedy fueron los hombres que se reunieron en la isla Jekyll en 1910. Representaban a algunos de los hombres más poderosos del mundo – los Morgan, Rockefeller, Rothschild de Europa (que dominaron toda la banca europea a mediados del Siglo XIX y que todavía podrían ser la familia más rica y poderosa de todas) y otros de gran influencia y poder. Estaba también un senador de USA, un alto funcionario del Tesoro, el presidente del mayor banco del país en la época, un destacado personaje de Wall Street y el hombre que más tarde llegaría a ser el primer presidente del Sistema de la Reserva Federal. Fue una colección extraordinaria y fueron para lograr una sola cosa. Querían cambiar la ideología y el curso de los negocios usamericanos, que hasta entonces se basaban en la competencia en el mercado y reemplazarlos por el monopolio. También sabían lo que quiso decir el barón M.A. Rothschild cuando dijo: “Denme el control sobre la moneda de una nación y no me importa quién haga sus leyes.” Conocían también la sabiduría de lo que dice en Proverbios 22:7: ““El rico se enseñorea de los pobres; y el que toma prestado es siervo del que presta”.

Fue el alba de la era de los carteles poderosos, cuando los siete titanes financieros reunidos en secreto en la casa del club de la isla decidieron no seguir compitiendo entre ellos y exigieron el poder para arreglarlo. Ya estaban informalmente coludidos, pero sabían que todo funcionaría mejor si se realizaba bajo un cartel avalado legalmente. Querían un cartel bancario y obtuvieron uno que hoy florece por debajo del radar público con el instrumento que más deseaban – la capacidad de controlar el suministro de dinero de la nación, que les dio un poder casi ilimitado. El cartel trabaja ahora en cooperación con sus gobiernos y con todas las demás poderosas corporaciones transnacionales en una alianza global dominante que les permite controlar los mercados, los recursos, la mano de obra barata del mundo, y nuestras vidas.

El Sistema de Reserva Federal no es una agencia gubernamental – es un cartel de propiedad privada de poderosos bancos protegido por la ley.

Se cree común, pero erróneamente, que el Sistema de Reserva Federal es una función gubernamental y sometida a su control. Es falso. A menudo se habla de un banco central descentralizado, casi-gubernamental, pero es sólo una cobertura para disfrazar lo que es en realidad: un cartel de propiedad y operación privada que es presentado como si el gobierno estuviera a cargo. El hecho de que su central esté en Washington en el formidable e impresionante edificio Eccles (bautizado con el nombre de un antiguo presidente de la Fed) forma sólo parte del astuto subterfugio. Funciona como sigue:

La Fed está compuesta de un Consejo de Gobernadores en Washington y de 12 bancos regionales en las principales ciudades de todo el país (incluyendo a mi propia ciudad de Chicago donde cualquiera solía poder, pero ya no puede, ir a un cajero y comprar valores del Tesoro de USA). El sistema también incluye a numerosos y diversos bancos miembros, incluyendo a todos los bancos nacionales que tienen que formar parte del sistema. Se permite también que otros bancos se sumen y muchos lo hicieron. La Reserva Federal comenzó sus operaciones en noviembre de 1914, casi un año después de la ley parlamentaria que creó el sistema el año anterior. Recibió mandato legal para poseer el mayor poder de cualquier institución del país – el poder de crear y controlar su suministro de dinero.

La mayoría de la gente sabe poco o nada sobre el dinero y la banca, probablemente nunca piensa en el tema, y no tiene la menor idea de cómo lo que hacen la Fed y los banqueros afecta sus vidas. Antes de escribir este artículo, tenía un poco más de los modestos conocimientos que aprendí en un curso obligatorio sobre el tema y contabilidad básica como parte de mi plan de estudios para la maestría de administración empresarial, hace 46 años. Esos cursos dejaron de lado las partes más importantes de la historia y nunca dieron a entender que pudiera haber algo siniestro en el funcionamiento real del sistema bancario. Pero nadie debería imaginar que los bancos fueron establecidos para funcionar en su beneficio o que se quisiera que lo hicieran. Evidentemente no es así, y todo el que sugiriera que lo es, debería leer lo que sigue. Son tan beneficiosos para el bienestar público como lo fue el misil balístico intercontinental MX Peacekeeper (el lenguaje ingenioso es impresionante) que debía portar ojivas nucleares a mediados de los años ochenta y que tenía el poder de destruir toda vida en el planeta y que aún podría hacerlo en su forma antigua o modernizada.

La Ley de la Reserva Federal (la ley del país) estipula que los Bancos de Reserva Federal de cada región son de propiedad de sus bancos miembros. Esos bancos de la Fed son corporaciones de propiedad privada que hacen un gran esfuerzo por ocultar que ellos, en realidad, son dueños de lo que gran parte del público piensa que forma parte del tesoro y gobierno públicos. Es fácil pensarlo ya que los presidentes de la Fed y siete de los doce gobernadores son nombrados por el presidente y aprobados por el Senado. Como tal, el BRF es una especie de entidad casi-gubernamental, pero el hecho es que el Sistema es de propiedad privada con fines de beneficio privado como cualquier otra empresa. Tiene accionistas como otras corporaciones públicas, que reciben un 6% de intereses libres de riesgo cada año sobre su participación en el capital.

El público lo ignora, y probablemente no constituiría buenas relaciones públicas si lo descubriera. La gente podría molestarse aún más si supiera que algunos de los propietarios de nuestra Reserva Federal son poderosos inversionistas extranjeros en el Reino Unido, Francia, Alemana, Holanda e Italia. Son socios de gigantescos bancos de USA como JP Morgan Chase y Citibank así como de poderosas firmas de Wall Street como Goldman Sachs en un cartel banquero del nuevo orden mundial que influencia y afecta por doquier los negocios y nuestras vidas.

El problema de la propiedad privada de los bancos de la Reserva Federal ha sido cuestionado varias veces en los tribunales federales, en vano. Cada vez los tribunales confirmaron el actual sistema bajo el cual cada banco de la Reserva Federal es una corporación separada de propiedad de los bancos comerciales en su región. Un caso semejante fue el de Lewis contra USA que fue decidido por el 9º Circuito de la Corte de Apelaciones que dictaminó que los bancos de la Reserva son corporaciones independientes, de propiedad privada y controladas localmente.

Los fundadores de la nación usamericana tenían diferentes ideas que los poderosos que se reunieron en la isla Jekyll

A través de nuestra historia, hubo desacuerdo sobre quién debía controlar el suministro de la moneda de la nación y el derecho de emitirla. Los fundadores de la nación usamericana comprendieron que el parlamento británico se vio obligado a imponer impuestos injustos a sus colonias americanas y a sus propios ciudadanos porque el Banco de Inglaterra había acumulado tanta deuda que el gobierno necesitaba ingresos para reducirla. Benjamin Franklin, de hecho, consideraba que fue la verdadera causa de la Revolución Usamericana. La mayoría de los fundadores de la nación también comprendieron el peligro que podía resultar si los banqueros acumulaban demasiada riqueza y poder. James Madison, el principal redactor de nuestra Constitución, los llamó “cambistas”, refiriéndose a la Biblia que dice que Jesús expulsó dos veces a los cambistas del Templo de Jerusalén hace 2.000 años. Madison dijo:

“La historia nos dice que los cambistas han utilizado todos los medios posibles de abuso, intriga, engaño y violencia para mantener su control sobre los gobiernos controlando el dinero y su emisión.”

Thomas Jefferson utilizó la misma energía en su condena cuando dijo:

“Creo sinceramente que las instituciones bancarias son más peligrosas para nuestras libertades que los ejércitos permanentes. Ya han creado una aristocracia del dinero que ha desafiado al gobierno. El poder de emisión debería ser arrebatado a los bancos y restaurado a aquellos a los que pertenece como corresponde.”

Jefferson y Madison comprendían los peligros de los monopolios comerciales de todo tipo y trataron de asegurar que nunca existirían en la nueva nación. Ellos, de hecho, deseaban que se agregaran dos enmiendas adicionales a la “Declaración de Derechos” en la Constitución, pero nunca lo lograron. Creían que para proteger la libertad de la gente la nación debería ser “libre de monopolios en el comercio” (lo que ahora son las corporaciones gigantes incluyendo a los grandes bancos internacionales y las firmas de inversión de Wall Street) y “libre de fuerzas armadas permanentes,” o ejércitos en pie de fuerza. Tratemos de imaginar cómo sería el país en nuestros días si Jefferson y Madison lo hubieran logrado – un país sin gigantescas corporaciones depredadoras que explotan a todos para obtener beneficios y sin fuerzas armadas desenfrenadas que hacen guerra al mundo, amenazando con destruirlo, y que lo hacen para que esos gigantes corporativos puedan obtener beneficios aún mayores.

Nunca lo lograron, por cierto, y la gente lo ha pagado caro desde entonces, incluyendo el gran daño causado porque el gobierno renunció a su derecho a controlar el suministro de moneda de la nación. Lo entregó secretamente sin que el público lo supiera, ignorante del daño que se le había hecho. Ha sido peor todavía desde los años ochenta, porque el poder de la Fed aumentó bajo un presidente republicano amigo, y la algarabía dirigida por los medios corporativos ocultó el efecto. Para ellos, es inaceptable que la Fed sea degradada en público, así como sus gigantescos bancos miembros o sus aliados de Wall Street.

Las cosas se descontrolaron especialmente durante el ejercicio de Alan Greenspan. Sorprende que haya habido quien encontrara muchos motivos para elogiar a semejante presidente de la Fed antes de que dirigiera la Fed, cuando fue asesor presidencial, o durante el período en el que la dirigió. Sólo entró al servicio gubernamental después del fracaso de su firma de consultoría financiera, probablemente porque necesitaba una nueva línea de trabajo. Allí se las arregló para convertirse en un exuberante profeta de la banca central que fue casi elevado a la santidad por los expertos en los negocios que pensaron que bajo su ejercicio los cielos fueron sólo azules y que las pocas nubes a la vista siempre presagiaban que volvería a brillar el sol. Ahora Alan se retiró a los horizontes más fértiles de los contratos literarios y de las conferencias, lo que muestra que si trabajas bien para los ricos y poderosos que te lo permitieron, (a costa del resto de la gente) la recompensa final valdrá la pena. Es probable que el nuevo presidente de la Fed haya tomado nota y que tratará de continuar la tradición como corresponde.

Pero tratemos de imaginar un tipo diferente de presidente de la Fed, alguien que conociera, tuviera fe en y practicara las palabras y la sabiduría de otro presidente usamericano de cierta importancia: Abraham Lincoln. En 1886 Lincoln dijo: “Los poderes del dinero se alimentan de la nación en tiempos de paz y conspiran contra ella en tiempos de adversidad. Son más despóticos que un monarca, más insolentes que la autocracia y más egoístas que una burocracia. Denuncian, como enemigos públicos, a todos los que cuestionen sus métodos o saquen a la luz pública sus crímenes. Tengo dos grandes enemigos: el Ejército del Sur frente a mí y los banqueros detrás. De los dos, el que está atrás es mi mayor enemigo.”

Parece que Lincoln también dijo (aunque algunos lo disputan): “Veo que se acerca en el futuro cercano una crisis que me inquieta y que me hace temblar por la seguridad de mi país… han entronizado a corporaciones y seguirá una era de corrupción en los cargos importantes, y el poder del dinero del país se esforzará por prolongar su reino utilizando los prejuicios de la gente hasta que toda la riqueza se acumule en unas pocas manos y la República sea destruida.” Imaginemos lo que Lincoln diría en nuestros días.

Lo que Lincoln pensaba sobre los banqueros y el poder del dinero en el país, parece provocar la pregunta obvia: ¿Tuvieron algo que ver, o fueron la razón de su prematura muerte a manos de John Wilkes Booth? Los banqueros internacionales detestaban evidentemente a Lincoln después de que logró que el Congreso aprobara la Ley de la Moneda de Curso Legal que autorizó al Tesoro de USA a emitir papel moneda llamado “greenbacks” [verdes]. Lincoln necesitaba esa legislación después de que renunció a pagar a los banqueros las tasas usureras de interés de entre un 24 y un 30% que exigían por los préstamos que necesitaba para financiar su guerra con el sur. Con la nueva ley bancaria, Lincoln pudo imprimir los millones de dólares necesarios, libres de deuda y de intereses. Esto no era, evidentemente, lo que deseaban los codiciosos banqueros, ya que sólo pueden sacar beneficios cuando arrebatan su trozo de carroña de las transacciones financieras que controlan. Lincoln fue asesinado poco después del fin de la guerra, y un poco más tarde rescindieron la así llamada ley “Greenback” [verde], aprobaron una nueva ley bancaria, y todo el dinero volvió a producir intereses.

Cómo funciona el Sistema de la Reserva Federal.

El Sistema de la Reserva Federal resulta de que el Congreso y el Presidente aceptaron privatizar el sistema monetario de la nación y renunciar al poder que debería hacer seguido siendo el derecho exclusivo del gobierno. Esa ley fue tan escandalosa que la Fed tuvo que ser estructurada deliberadamente para que pareciera una delegación del gobierno federal a fin de ocultar que en realidad es un cartel bancario todopoderoso de propiedad privada cuyos bancos miembros (incluyendo todos los nacionales) comparten los vastos beneficios obtenidos de poseer la licencia más importante que debiera ser exclusiva de los gobiernos– el derecho a imprimir dinero en cualquier cantidad, controlar su suministro y precio, y beneficiarse inmensamente de prestarlo a cambio de un beneficio, incluyendo al propio gobierno que debe pagar intereses por el dinero, lo que nunca sería necesario si simplemente lo imprimiera. Pensemos en lo que ocurriría si el gobierno legalizara el derecho a falsificar la moneda nacional para beneficio privado. No es una exageración afirmar que es la mayor estafa financiera de todos los tiempos, que causa un daño incomprensible a un público que sigue sin enterarse. Funciona como sigue:

La Fed recibió la autoridad de dirigir la política monetaria de la nación con el poder de controlar el suministro y el precio de la moneda. Tiene tres maneras de hacerlo – mediante operaciones abiertas de mercado, la tasa de referencia que cobra a los bancos miembros, y el requerimiento del porcentaje de reserva de los activos de los bancos miembros que se les exige que mantengan en su poder y no sea prestado. El Consejo de Gobernadores tiene la responsabilidad del manejo de la tasa de referencia y de los requerimientos de reserva, mientras que el Comité Federal de Mercados Abiertos (FOMC, por sus siglas en inglés) está a cargo de las operaciones de mercado abierto de compra o venta de obligaciones que explicamos más adelante. Mediante el uso de estos instrumentos, la Fed puede influenciar el suministro y la demanda de dinero y así controla directamente la tasa a corto plazo de los fondos federales que es siempre fija a menos que la Fed desee elevarla o bajarla. Las tasas a mayor plazo son controladas por los poderosos negociantes institucionales en el mercado de obligaciones.

El FOMC y cómo funciona

El Comité Federal de Mercados Abiertos es realmente la clave de todo el proceso de creación o contracción de dinero. Consiste de 12 miembros – siete miembros del Consejo de Gobernadores de la Fed, el presidente del New York Fed Bank (el más importante de todos) y cuatro de los restantes 11 presidentes del Banco de la Reserva que sirven por turnos períodos de un año. El FOMC realiza ocho reuniones regularmente programadas por año para evaluar las condiciones económicas y decidir lo holgada o estricta que ha de ser la política monetaria para impulsar su objetivo declarado de un crecimiento económico sostenible y de estabilidad de los precios.

Literalmente, el FOMC tiene el poder de crear dinero de la nada. Lo hace mediante un proceso de cuatro etapas:

Primera etapa: El FOMC aprueba la compra de obligaciones del gobierno de USA en el mercado abierto.

Segunda etapa: El New York Fed Bank adquiere las obligaciones a los vendedores (los mercados financieros siempre tienen un número idéntico de compradores y vendedores).

Tercera etapa: La Fed paga por sus compras con créditos electrónicos a los bancos vendedores que, por su parte, acreditan las cuentas bancarias de los vendedores. Estos créditos son literalmente creados de la nada.

Cuarta etapa: Los bancos que reciben los créditos pueden entonces utilizarlos como reservas para posibilitar que presten hasta 10 veces su suma (si su requerimiento de reserva es de un 10%) mediante la magia (que sólo poseen los bancos) de la banca de reserva fraccional y, por cierto, cobran intereses por el total. ¡Qué negocio! y todo es legal. Imaginemos cuán ricos podríamos ser todos si pudiésemos hacer lo mismo como individuos privados. Pedimos prestado un millón a la Fed, como por arte de magia lo multiplicamos por 10, y cobramos intereses sobre el total, con la excepción de un 10% que debemos mantener en reserva. Es la magia de la creación de dinero de la reserva fraccional y explica cuán poderoso es el estímulo económico cuando la Fed quiere realzar el crecimiento económico.

Cuando la Fed desea contraer la economía reduciendo el suministro de dinero, simplemente invierte el proceso mencionado. En lugar de comprar obligaciones, las vende de manera que el dinero sale de las cuentas de los bancos compradores en lugar de ingresar en ellas. Entonces, los préstamos bancarios tienen que ser reducidos 10 veces si el requerimiento de reserva es de un 10%.

Cómo la Fed daña el interés público

El sistema de la Reserva Federal existe sólo para servir a sus propietarios y a los bancos miembros y al hacerlo es hostil al interés público. Eso, porque es un cartel bancario con el poder de restringir la competencia por mayores beneficios obtenidos a nuestra costa. Sale de nuestros bolsillos, a los de ellos, y el público pierde de cuatro maneras:

Primera: A través del impuesto invisible de la inflación que resulta de la dilución del poder adquisitivo causado por el ingreso al sistema de dinero recién creado, lo que reduce el valor de los dólares que ya están presentes. La Fed de Greenspan fue especialmente expansiva, nunca fue responsabilizada por sus excesos y pudo legar el serio problema que creó a un futuro presidente de la Fed y a la sociedad, para que lo encararan. El hombre al que ahora ensalzamos como mago monetario comenzó de modo sensato. Desde 1982, antes de que llegara en 1987, hasta 1992, el suministro de dinero aumentó en un promedio de un 8% por año. Pero de 1992 a 2002, las imprentas trabajaron horas extra en sincronización con la desregulación y el crecimiento de los mercados globales, expandiendo la moneda en más de un 12% por año. Se hizo aún más extremo después del 11-S y desde 2002 creció a una tasa de un 15%. Ahora se ha más que duplicado en menos de una década. Parece que el nuevo presidente de la Fed tomó nota y ha comenzado a reducir el ritmo de expansión monetaria ya que sigue aumentando la tasa de los fondos federales a cualquier nivel que tenga en mente.

Los operadores cambiarios también parecen haber tomado nota del ritmo de la expansión general del suministro de dinero. Con la excepción de un descanso en 2005, es bastante probable que la debilidad del dólar desde 2002 sea el resultado del exceso creado por los gastos derrochadores del gobierno de Bush para financiar sus interminables guerras y sus insensatos recortes tributarios para los ricos. El problema se complica aún más ya que desde 1964 hasta la actualidad, el servicio de la deuda ha crecido de un 9 a un 16,5% del presupuesto federal, y sigue aumentando, y el actual déficit ha pasado de un superávit de un 1% a casi un 7% de déficit; el endeudamiento federal ha crecido en un 40% sólo desde 2001 y ha sido financiado en gran parte por “la gentileza de extranjeros” que podrían estar perdiendo los nervios. Además, desde marzo de 2006, la Fed dejó de publicar la suma M-3 del monto total de dólares en circulación. Sin esa transparencia, ahora los grandes compradores de obligaciones del Tesoro de USA tienen que calcular el valor del dólar basándose en la especulación y la inseguridad en lugar de datos seguros – no es algo que inspire confianza en los mercados financieros que funcionan mejor en una atmósfera de franqueza y claridad.

Segunda: El público también pierde porque el cartel bancario puede practicar la usura – por su poder sobre una moneda flexible para aumentar o bajar artificialmente las tasas a cualquier nivel que escoja lo que muchos pequeños prestamistas no pueden hacer en un mercado verdaderamente libre y abierto. Además, la dominación sobre el mercado por el cartel fuerza a la mayoría de los prestatarios (especialmente los más pequeños que están en menos condiciones de emitir sus propios instrumentos de deuda) a pedirle préstamos que luego puede hacer utilizando lo que debería ser el dinero de la gente, puesto a su disposición al coste más bajo posible por numerosos pequeños prestamistas fuertemente regulados por el gobierno, que competirían en busca de clientes.

Tercera: Mediante los impuestos, nosotros, el público, tenemos que pagar para cubrir los intereses de la inmensa deuda nacional (actualmente de más de 8,4 billones de dólares) acumulada del dinero imprimido por la Fed y prestado al gobierno. Como dijera anteriormente, totaliza ahora un monto anualizado que excede dos tercios de un billón de dólares y aumenta a diario. Ha enriquecido a los banqueros, empobrecido a la gente de a pie, y el público todavía no se entera de que está siendo esquilmado en grande.

Cuarta: Exacerbando el abuso mencionado, el cartel puede hacer que el público saque de apuros al sistema con más dólares del contribuyente. Esto sucede cada vez que alguno de los bancos demasiado grandes para que se permita que fracasen necesita ayuda financiera para sobrevivir. Lo mismo vale para grandes corporaciones como Chrysler o Lockheed, grandes firmas inversionistas o fondos hedge como Long-Term Capital Management o incluso países como México. También vale cuando cierra un solo banco y hay que compensar a los depositantes o, de modo más serio, después de una crisis financiera sistémica como la que acabó con muchos bancos de ahorros y préstamos en los años ochenta. Sea un solo banco o muchas docenas al mismo tiempo, los dólares tributarios del público son utilizados para salvar el sistema o sólo para pagar la cuenta a fin de rembolsar a depositantes asegurados contra pérdidas por el seguro de protección gubernamental hasta un cierto monto por cuenta.

¿Cómo habría reaccionado Adam Smith ante el Sistema de la Reserva Federal?

Esta concentración de riqueza y poder del cartel bancario es lo contrario de lo que Adam Smith, el padrino ideológico del capitalismo de libre mercado, propugnó en sus escritos, incluyendo su obra fundamental “La Riqueza de las Naciones”. Smith escribió sobre una “mano invisible” que dijo funcionaba mejor en un mercado libre con numerosos pequeños negocios en competencia local los unos contra los otros. Se opuso enérgicamente al mercantilismo concentrado de su época (lo que haya sido) que actualmente sería el equivalente de nuestras gigantescas corporaciones transnacionales y el cartel bancario con el poder para restringir la competencia, mantener precios más elevados de lo que hubiera sido posible de otro modo y, como resultado, ganar mayores beneficios a expensas del público.

El tipo de cartel bancario que existe hoy en día es precisamente lo que Smith habría condenado. Pero que haya un banco central no es un mal de por sí siempre que el banco sea de propiedad del gobierno, controlado y operado en función del bien público. Sólo aparece un problema cuando establecen el banco mediante subterfugios para que parezca como si fuera de propiedad del gobierno y operado por éste, cuando en realidad, funciona en función del interés privado como en nuestro caso y también en la mayoría de los otros. Y en USA, para que funcione el amaño, el Sistema es dirigido por un organismo rector nombrado en su mayoría por el gobierno, que actúa como un alcahuete para los miembros privados del codicioso cartel de la banca que fue el primero en desear que existiera y que logró que un Congreso corrupto lo pusiera a su disposición. Para que funcione, el cartel precisa de la cobertura que consigue como resultado de su asociación con el gobierno, pero perjudica al interés público gracias a esa estructura en provecho de sus propias ganancias privadas.

Y así llegamos al quid del problema: el Congreso elegido para servir al pueblo, lo traicionó en lugar de cumplir con su deber al crear un cartel bancario todopoderoso y otorgarle la autoridad para practicar la banca de reserva fraccional con el poder de obtener dinero libre creándolo de la nada. Luego permitió a sus miembros un derecho de casi-monopolio para establecer las tasas de interés que deseen cobrar a los prestatarios. Todo el proceso equivale a un atraco legalmente sancionado por parte de los poderosos bancos que operan confabulados con el gobierno para obtener sus propios beneficios. Forma también parte de un proceso más amplio organizado por el gobierno para transferir riqueza del pueblo a los bolsillos de las grandes corporaciones y de los ricos, y lo hace mientras los afectados desconocen que siquiera ocurre.

El Sistema de Reserva Federal también daña al público de otra manera:

La Fed daña el bien público de otra manera importante, y de nuevo la mayoría de la gente no tiene la menor idea. El Sistema de Reserva Federal fue supuestamente establecido para estabilizar la economía, limar asperezas de los ciclos de la coyuntura, mantener una tasa saludable de crecimiento sustentable mientras conserva la estabilidad de los precios y beneficia a todos. ¿Ha hecho bien su trabajo? Desde su creación en 1913, hemos tenido los cracks de 1921 y el más importante y recordado de 1929. Fue seguido por la Gran Depresión que duró hasta el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, la que según el destacado economista conservador Milton Friedman fue causada y exacerbada porque la Reserva Federal decidió sorprendentemente la reducción del suministro de dinero en tiempos de contracción económica, en lugar de aumentarlo. Luego tuvimos recesiones en 1953, 1957, 1969, 1975, 1981, 1990 y 2001. También tuvimos comienzos de inflación en los años sesenta. Ésta fue bastante severa durante gran parte de los años setenta y a comienzos de los ochenta. Y tuvimos una importante crisis bancaria en los años ochenta en la que quebraron más bancos y asociaciones de ahorro y préstamos que nunca antes en nuestra historia. Sucedió después de la desregulación del mercado financiero, al permitirse que los bancos persiguieran sus propios intereses sin supervisión gubernamental que controlara su inclinación a correr riesgos excesivos o que impidiera que trataran de salirse con la suya mediante fraudes deliberados.

Junto con la estabilidad económica que la Fed nunca logró, también se ha disparado la deuda de los consumidores; déficits presupuestarios y comerciales de nivel récord; una cantidad elevada de bancarrotas personales y crecientes delitos con préstamos hipotecarios; un interés sobre una creciente deuda nacional que representa un porcentaje grande y creciente del presupuesto federal; la pérdida de nuestra base manufacturera y de puestos de trabajo con salarios elevados porque son exportados a países de baja remuneración; una economía en la que los servicios acaparan ahora cerca de un 80% de todos los negocios que en su mayoría pagan mal, con trabajos menos capacitados con poca o ninguna prestación; y una brecha en el aumento de los ingresos y la riqueza que sigue dañando a las personas de bajos o medianos ingresos para beneficiar a los pocos ricos y acomodados, así como un gobierno que impulsa esta situación.

Todo se sintetiza en una conclusión: La Fed no cumplió, por sobre todo, la tarea esencial para la que fue establecida para comenzar. Pero es mucho peor todavía, si comprendemos los verdaderos motivos de un cartel. No es servir el interés público. Es abusar de él, porque así aumentan los beneficios. Puede hacerlo con la concentración de su poder, legalmente sancionado, y un gobierno amigo aliado con sus socios o facilitadores. Se sale con la suya cuando comete los más espléndidos de los robos gracias a este amaño oculto de la vista del público.

Una solución necesaria para un problema inmenso.

Se desprende de la información presentada que el Sistema de la Reserva Federal fue establecido mediante el sigilo y el engaño por un puñado de políticos corruptos al servicio de sus poderosos aliados de la banca y de Wall Street. Lo hicieron para defraudar al público y sin que éste haya tenido la menor idea de lo que sucedía, y de lo dañino que era para su bienestar e interés. Los que estaban en el Congreso y el presidente Wilson (un hombre formado en derecho, ex abogado practicante, antiguo académico apreciado y presidente de la Universidad Princeton) o sabían o deberían haber sabido que la ley que él y ellos aprobaron al establecer la Fed estaba en violación directa de la Constitución que habían jurado defender. No lo hicieron, y violaron la ley, y el público pagó caro su crimen desde entonces hasta la actualidad.

De manera que, ¿qué recurso queda, y es posible movilizar a la gente para darle seguimiento? Hay una sola solución sensata y justa para deshacer el daño que se ha hecho a tantos durante tanto tiempo: abolir el Sistema de la Reserva Federal y restaurar el poder que tiene actualmente a un Gobierno Federal que trabaje por el bien público. Recuperarlo del poderoso cartel bancario que trabaja en su contra y no volver a permitir jamás que vuelva a caer en sus manos. Es el único camino. El gran poeta y dramaturgo alemán Bertolt Brecht habría estado de acuerdo cuando dijo que “es más fácil robar estableciendo un banco que asaltarlo.”

La liberación del poder de esos poderosos “cambistas” traería enormes beneficios para todos. Establecería una política prudente de creación de dinero que minimizaría nuestro impuesto más injusto – la inflación que es causada por banqueros privados en busca de beneficios que manipulan el suministro de dinero de la nación para aumentarlos. Estabilizaría la economía y suavizaría los extremos en el ciclo de la coyuntura agudizados por el cartel que trabaja para su propio beneficio y contra el nuestro. Reduciría el coste del dinero para los prestatarios porque terminaría con el poder monopolista que tiene actualmente el cartel de establecer las tasas que prefiere, abriendo el mercado a más competencia. Reduciría la creciente y opresora deuda nacional al ser por fin liberada del aumento del suministro de dinero requerido para pagarla. Reduciría la carga tributaria para el público ya que se necesitarían menos ingresos para el servicio de la deuda. Sería un paso trascendental hacia la reducción del poder abrumador de todos los gigantes corporativos depredadores que nos explotan para poder crecer y prosperar, y ojalá termine por eliminarlo. Podría incluso servir de disuasión para evitar guerras que sólo se libran para obtener riqueza y poder – nunca por la gloria o para que el mundo sea más seguro para la democracia u otros motivos falsos. Sin un poderoso cartel bancario y otros gigantes de la industria que viven de la miseria humana que generan, habría menos necesidad de guerra alguna. Tratemos de imaginar ese tipo de mundo y un gobierno que trabaje por el bien público en lugar de dañarlo como lo hace ahora para servir al capital. Ese mundo es posible, y la gente responsable tiene que trabajar por él, porque el que tenemos actualmente ha fracasado y debe ser cambiado antes de que sea demasiado tarde.

Una visión del mundo creada por los intereses del capital y por nuestro gobierno que lo apoya.

En el inquietante, corrupto mundo del capitalismo neoliberal de “libre mercado” controlado por gigantescas corporaciones; que beneficia sólo a los pocos privilegiados y causa tanta miseria y desesperación; un mundo despótico que no puede durar, ni debemos permitir que dure mucho más; en el que interminables guerras por el poder y los beneficios; en el que la gente es una mercancía utilizada según se la necesita y descartada como basura cuando no es así; sin preocupación por la preservación de una ecología capaz de sustentarnos, que no lo seguirá haciendo por mucho tiempo más porque la estamos destruyendo, y a nosotros mismos, por ganancias; en el que las necesidades humanas básicas no tienen importancia bajo un modelo económico en el que sólo vale el beneficio privado; en el que la democracia es incompatible con el capitalismo depredador; en el que nadie debiera querer vivir o tener que hacerlo; en el que debemos cambiar o morir. En el lenguaje del capital, es el balance final. Sólo un movimiento de masas de gente comprometida puede cambiar el mundo. Debe acabar o acabaremos todos.

A menos que podamos pasar de nuestro modelo económico fracasado a una alternativa mejor, terminará cuando le llegue el día de una u otra manera. Pero podría ser un desenlace que nadie puede desear – su autodestrucción que se lleve todo consigo, sea por un holocausto nuclear o por un medio ambiente tan inhóspito que no permita que vivamos en él. Nuestra única posibilidad es trabajar por el cambio mientras quede tiempo.

Una visión de un mundo diferente

La historia prueba que un mundo mejor es posible cuando hay gente comprometida que trabaja lo suficiente para lograrlo. Así terminó la esclavitud; los trabajadores conquistaron el derecho a organizarse y a la negociación colectiva; las mujeres lograron el mismo derecho a voto que los hombres, el control sobre sus propios cuerpos, y más derecho y condición en la fuerza laboral; los negros y otras minorías obtuvieron importantes derechos cívicos; y los políticos estatuyeron importantes leyes sociales aunque haya sido sólo por temor a lo que podría suceder si no lo hacían.

Thomas Jefferson explicó que “el precio de la libertad es la vigilancia eterna.” Es el mismo precio a pagar para mantener nuestras conquistas sociales logradas con tanta dificultad. En la generación pasada esas conquistas se erosionaron mientras no prestábamos atención y sólo una acción de masas del pueblo puede rescatarlas. El objetivo debería ser un mundo humanitario de participación en el que las vidas de la gente mejoran porque todos trabajamos juntos para lograrlo; un mundo de paz y no de guerras interminables en beneficio de los ricos y poderosos a nuestras expensas; en el que todas las necesidades humanas esenciales son satisfechas porque los gobiernos trabajan por el bien común para asegurarlo; con una democracia participativa real en la que los funcionarios públicos y elegidos trabajan juntos para mantenerla fuerte y vibrante; sin gigantes opresores corporativos o carteles bancarios porque la ley no los permite; en el que la nutrición ecológica y la preservación constituyan una preocupación central; en el que haya aire, agua, suelos puros y una alimentación adecuada y segura; un mundo mucho más simple, con una base más local que la actual, en la que nociones como la globalización ni siquiera formen parte del vocabulario; un mundo basado en la equidad social y la justicia para todos, con gobiernos, el mantenimiento del orden y los tribunales trabajando para asegurar que siga siendo así; un mundo en el que todos queramos vivir y ojalá algún día lo podamos; un mundo que queramos legar a futuras generaciones; un mundo que no podamos dejar de lograr porque la alternativa puede ser la nada.

Puede que nos encontremos en un momento crucial en el que nuestro destino está en juego. O trabajamos juntos por un mundo mejor, sustentable o probablemente nos convertiremos en la primera especie que se autodestruye. Si sucede, probablemente nos llevaremos a la mayoría de las demás con nosotros y no dejaremos gran cosa para los pocos que queden. Ya no nos queda el lujo de discutir el tipo de mundo que necesitamos para sobrevivir. Los bancos gigantes y las corporaciones no nos lo brindarán, ni lo hará un gobierno hostil aliado con ellos. Depende de nosotros que lo logremos o probablemente sucumbiremos si fracasamos. Sería un buen comienzo si expulsáramos de nuestro templo a los “cambistas” de la Reserva Federal y con ellos a las corporaciones gigantes. Un mundo mejor es posible si recordamos y vivimos según las palabras inspiradoras de Antonio Gramsci sobre “el optimismo de la voluntad.” Con su ayuda, el pueblo organizado puede encontrar un camino para derrotar al dinero organizado.

Stephen Lendman vive en Chicago. Para contactos: lendmanstephen@sbcglobal.net

http://www.therebel.org/index.php?name=News&file=article&sid=6353

Germán Leyens es miembro de los colectivos de Rebelión y Tlaxcala (www.tlaxcala.es), la red de traductores por la diversidad lingüística. Esta traducción es copyleft.

Aviso: la responsabilidad del contenido de esta entrada es pura y únicamente competente a su autor.

La idealización de la 2ª República española

Hace escasas fechas, el escritor e historiador Félix Rodrigo Mora ha publicado un interesante libro titulado Investigación sobre la II República española, 1931-1936 sobre una cierta falsificación histórica de la 2ª República en España. Básicamente, lo que Rodrigo aporta es una visión rigurosa y bien documentada de la realidad social y política de aquellos años que desmonta los muchos mitos creados sobre la República española a lo largo de más de medio siglo, sobre todo por parte de la izquierda política e historiográfica.

De hecho, la gran mayoría de la población española tiene hoy en día una visión idealizada y casi utópica de la República en contraposición al anterior régimen caduco monárquico y a la posterior dictadura franquista. Y es del todo evidente que durante el franquismo se denigró la República como un régimen maligno y desastroso, y varias generaciones de españoles crecieron con ese concepto, transmitido a través de la educación y de la propaganda estatal. Lógicamente, estamos ante la clásica historia de los vencedores, los cuales no sólo sojuzgan y reprimen a los perdedores, sino que instalan una verdad política e histórica conveniente. En el caso del franquismo, es obvio que esa verdad impuesta idealizaba al dictador y a su régimen, al tiempo que tapaba los innumerables crímenes y excesos cometidos por el bando triunfante.

Sin embargo, con el paso de los años la investigación “imparcial y objetiva” llevada a cabo por varios autores –sobre todo anglosajones– fue desmontando la versión oficial del régimen y presentó una cara más favorable de la República. Finalmente, se fue acumulando una gran cantidad de bibliografía sobre la época de la República y la Guerra Civil, y casi todo ella tenía un marcado tinte izquierdista o progresista. Así, esa nueva historia –ya instalada en la era democrática española– condenaba el alzamiento militar y de alguna manera explicaba el drama de una valerosa y digna República que acabó siendo destruida por el fascismo nacional e internacional. Y en esa visión se han realzado las grandes esperanzas que trajo el nuevo régimen, con aires de regeneración y de progreso en todas las facetas, frente al corrupto y oligárquico régimen de la llamada Restauración. Desde este enfoque, la República vendría a ser un movimiento popular que quería cambiar radicalmente las cosas e instalar una especie de edén de justicia, orden y desarrollo social, económico y cultural.

Y así es como hemos llegado a la actualidad, en que la historia se ha vuelto a rescribir por enésima vez, con sus correspondientes buenos y malos. Y sólo como muestra vale la pena citar la reciente Ley de Memoria Histórica, que reabre odios y heridas y fomenta nuevos antagonismos, pese a que aparentemente estaba cargada de buenas intenciones. Pero, en fin, a nivel social, científico y educativo esta es la verdad que hay que defender y propagar y no otra, y cuando aparece alguna voz revisionista, como la del historiador Pío Moa, se la ataca y desacredita convenientemente[1]. Es la conocida contaminación ideológica que sufre la historia: en cuanto criticas a un lado, te sitúan automáticamente en el otro, pues el mundo funciona en las coordenadas de la confrontación y la separación, no en la unión y la concordia. Igualmente, estoy convencido que la reciente obra de Félix Rodrigo no tendrá muchos amigos y será mayormente ignorada, pues la corrección política imperante está por encima de cualquier otra consideración.

Bandera tricolor republicana, vigente entre 1931 y 1939

No obstante, como historiador que intenta mantener un sentido del rigor y una cierta justicia histórica, aplaudo esta iniciativa de Rodrigo y me sumo a ella, pues considero que hay suficientes documentos y testimonios disponibles de la época que desmitifican esa visión casi idílica de la República, sin entrar en comparaciones con cualquier otro tipo de régimen. Ahora bien, para ser justos, cabe señalar que esa visión estereotipada se sostiene más bien en las interpretaciones políticas (básicamente de la izquierda) y no en la historiografía más rigurosa. De hecho, casi todos los historiadores han dejado bien claro en sus obras que esa época de España fue muy trágica y convulsa, aunque a menudo suelen recurrir a factores externos (o “no republicanos”) para explicar la desgracia del régimen, incluida la Guerra Civil. Sin embargo, analizando en profundidad los hechos, no es muy difícil ver que fue la misma República –encarnada en sus impulsores y dirigentes– la que dinamitó sus bases y cavó su propia tumba.

Así pues, expondré a continuación una serie de datos y hechos que me empujan a sostener –al menos parcialmente– la tesis de Rodrigo y a bajar del pedestal a esa quimera llamada “2ª República”, que fue uno de los episodios más tristes y dramáticos de nuestra reciente historia. Y yendo un poco más allá, y adentrándonos en la llamada metahistoria, todavía podríamos admitir que el régimen republicano fue diseñado y conducido para acrecentar las contradicciones del sistema y provocar una crisis irresoluble que forzosamente debía acabar en una cruenta guerra social e ideológica que encajaría perfectamente en un marco internacional, en que determinadas potencias extranjeras salieron ganando con el conflicto. Pero empecemos por el principio.

En primer lugar, es oportuno citar que el régimen republicano no llegó de forma “regular” ni obtuvo un apoyo masivo de la población española. Es cierto que existía un gran descontento hacia el régimen monárquico y la dictadura militar del general Primo de Rivera, pero el republicanismo todavía no era mayoritario. De hecho, las elecciones municipales del 12 de abril de 1931 no fueron ganadas por las candidaturas republicanas, sino por las candidaturas conservadoras y monárquicas. Los datos son apabullantes: en la primera fase (el día 5), en que no hubo votación porque se había presentado una única candidatura municipal, los monárquicos ganaron en proporción de casi 8 a 1 en número de concejales; y en la segunda fase (el día 12), la victoria también fue monárquica, aproximadamente en una proporción de 4 a 1 en concejales[2]. Lo que sucedió es que en las principales ciudades españolas sí se impusieron claramente los partidos republicanos, lo que provocó un gran entusiasmo y clamor popular manifestado de forma muy vehemente. De repente, las calles y plazas se llenaron de multitudes vociferantes que enarbolaban la bandera tricolor, se produjeron las primeras declaraciones espontáneas de la República, y a la prensa le faltó tiempo para hacerse eco de esa algarabía popular. En suma, el ruido de la calle venció a las silenciosas urnas.

Entusiamo republicano en las calles tras las elecciones del 12 de febrero de 1931

Ante este panorama, el rey Alfonso XIII decidió abandonar el poder, dando lugar a la proclamación oficial de la República el día 14. Y hay cosas que apenas se entienden en estos confusos hechos, pues el entonces jefe de la Guardia Civil, el muy conservador y monárquico general Sanjurjo, no movió un dedo por “su rey” y permitió la llegada de la República, contra la cual se sublevó apenas un año después. ¿Es que no conocía entonces el programa republicano ni a sus líderes? Asimismo, la mayoría de responsables del orden público y del ejército eran monárquicos. Visto lo que pasó después, con la dura represión del pueblo por parte del estado, no se explica por qué la monarquía no se sostuvo, si tenía plena capacidad para controlar la situación.

Niceto Alcalá Zamora, primer presidente de la 2ª República

Sea como fuere, uno podría pensar que la caída de la monarquía iba a producir la unión de todos los republicanos a fin de aplicar un programa ampliamente consensuado para poder iniciar las reformas necesarias en un país atrasado, empobrecido y, aún en gran parte, caciquil. Sobre todo, se había generado una gran expectación en el campesinado y la clase obrera, que creyeron que las grandes injusticias que sufrían se iban a eliminar en un período relativamente breve. Sin embargo, ya desde el principio, los grandes padres del republicanismo, que eran de clase media o alta (la gran mayoría de ellos de procedencia burguesa[3]) dejaron bien a las claras no había en la República ningún espíritu real de revolución o de cambiar las cosas radicalmente. De hecho, el primer presidente de la República fue Niceto Alcalá Zamora, que era un gran cacique y terrateniente andaluz. Así, pese a los incendiarios y dogmáticos discursos de algunos destacados republicanos –sobre todo los de Manuel Azaña– la situación social y económica del país apenas iba a variar en el llamado bienio progresista (1931-1933).

En efecto, el régimen republicano, pese a haber aprobado una Constitución moderna y progresista, se encontró en seguida con enormes contradicciones sociales, políticas y económicas que no podía resolver de ninguna manera. Por un lado, los partidos republicanos de centro e izquierda querían imponer medidas relativamente avanzadas de reforma, sobre todo en el atrasado campo español, y toparon con la oposición de la derecha y los terratenientes, que impidieron la concreción de la reforma agraria, que resultó ser una farsa o simple papel mojado. A su vez, los campesinos, azuzados por la ideología socialista y sobre todo anarquista, ni querían ni podían esperar más. En general, la clase obrera y campesina, que constituía un altísimo porcentaje de la población española, ya había sobrepasado los márgenes de la República, pues deseaba imponer directamente la revolución (al estilo soviético) dejando atrás las tímidas reformas burguesas[4]Esta grave contradicción llevó a un permanente estado de inquietud social, que se traducía en revueltas, disturbios, huelgas y ocupaciones ilegales de tierras. Y mientras tanto, la banca aumentaba sus beneficios.

Represión gubernamental en el campo español

Como todo esto superaba el orden republicano, el estado reaccionó con la aplicación de la fuerza y la represión en grado máximo. Así pues, incluso durante ese bienio de progreso, las clases populares sufrieron una fuerte represión que llegó a su punto culminante en los sucesos de Casas Viejas, en que unos veinte anarquistas andaluces fueron brutalmente asesinados por las fuerzas de orden público. Y aquí es oportuno citar un dato poco conocido popularmente: la República se blindó con una gran cantidad de organismos y cuerpos de seguridad e incrementó sus efectivos de forma muy significativa. Así, aparte de los carabineros, estaba la omnipresente Guardia Civil e incluso el ejército, que una vez perdido su papel colonial fue usado para reprimir a la población (el “enemigo interior”). Pero por si este despliegue no fuera suficiente, la República creó un nuevo cuerpo adicto al régimen: los guardias de asalto, una organización paramilitar de gran eficacia en la represión.

Entretanto, la democracia y la libertad política desembocó en una lucha partidista sin límites. Hoy quizá nos quejamos del triste espectáculo que dan los partidos políticos, pero estamos a años-luz de lo que sucedía en los años 30, en los que se vivía en una fiebre política de gran extremismo, intolerancia y hostilidad. Existían docenas de partidos, grandes y pequeños, de la extrema derecha a la extrema izquierda, con el añadido del factor nacionalista (sobre todo en Cataluña y el País Vasco), que comportó nuevas complejidades y confrontaciones en la arena política. La derecha, en su mayor parte, no había aceptado la legalidad republicana y hacía todo lo posible por socavarla. Se trataba de los antiguos partidos conservadores o liberales que participaban en la lucha política pero que no habían renunciado a sus raíces monárquicas. Estos partidos vieron con horror el creciente radicalismo de las izquierdas y empezaron a mostrar una oposición férrea a todas las iniciativas del gobierno.

Manuel Azaña, protagonista del bienio 1931-33

Pero lo peor fue que a nivel popular muchas personas de clase media e ideología moderada que habían aceptado de buen grado la República empezaron a sentirse incómodas por la ineficacia del gobierno, por la galopante crisis social y económica y sobre todo por las algaradas revolucionarias, que en aquella época incluían la habitual quema de iglesias y conventos. A este respecto, Azaña decía que “España ha dejado de ser católica” y que la República iba a “triturar al ejército”. Tales afirmaciones, aunque parecían muy extremistas, sólo trataban de fortalecer el laicismo del estado, quitar poder a la Iglesia y reformar a fondo el ejército.

No obstante, estas políticas y actitudes causaron gran malestar y recelo, y exacerbaron los ánimos de unos y otros, haciendo que el país entrara en la dinámica clerical-anticlerical, que iba a ser una de las espoletas que harían estallar la Guerra Civil. Así, no es de extrañar que la Iglesia, blanco de los ataques revolucionarios, se acabara posicionando –salvo contadas excepciones– en contra del nuevo régimen. Asimismo, la pésima gestión de la cuestión militar hizo que buena parte de los mandos militares se sintieran inquietos e incómodos con la República, lo que acabó derivando en abierta hostilidad hacia los políticos y en una separación entre militares afectos y desafectos al régimen[5]. A su vez, amplios sectores populares veían al estamento militar como una casta defensora de los privilegios de los oligarcas y como una herramienta de represión, por lo cual el odio contra los militares fue en aumento.

La República cambió de rumbo en su siguiente fase (el bienio negro, 1934-35), virando hacia la derecha, con un gobierno de varios partidos de centro y derecha, pero sin un liderato claro ni una línea política coherente. En lo que sí se pusieron de acuerdo fue en derribar casi todas las medidas implantadas por los gobiernos de izquierda. Ante esta situación, la izquierda (republicanos, socialistas, comunistas, anarquistas) se radicalizó y pasó a la confrontación directa y permanente contra el gobierno, lo que comportó más tensión social, huelgas y desmanes. La derecha no se vio capaz de contrarrestar políticamente esa oleada de oposición violenta y ello facilitó la aparición en escena de Falange Española, un movimiento equiparable al fascismo italiano. La lucha política llegó entonces al máximo enfrentamiento y la sociedad española entró en una espiral extremista, mientras en el parlamento todo eran insultos, injurias y reproches. Y lamentablemente, el enfrentamiento llegó al terreno de los asesinatos políticos entre facciones, que cada vez se hicieron más frecuentes.

Así las cosas, el régimen respondió con nuevas represiones, cuyo punto álgido tuvo lugar en octubre de 1934, en que se produjo la revolución obrera en Asturias y un pronunciamiento pseudo-independentista en Cataluña. En este último caso, las algaradas y las víctimas fueron escasas, con la intervención del general catalán Domingo Batet, que en un solo día puso fin a la aventura revolucionario-nacionalista del President Companys. Sin embargo, Asturias devino un terrible episodio de violencia y desorden, que llevó al gobierno a enviar allí al ejército de África, profesional y acostumbrado a las matanzas sin contemplaciones. El resultado fue de miles de muertos, heridos, torturados y detenidos; una represión que serviría como modelo a las limpiezasque efectuaría el ejército franquista unos pocos años más tarde.

El líder socialista Francisco Largo Caballero

En 1935, la inestabilidad en todos los órdenes puso al gobierno de derechas contra las cuerdas, a lo que hubo de sumarse un gran escándalo de corrupción (el “estraperlo”). Por todo ello se convocaron elecciones para principios del año 36. Las fuerzas de la izquierda dejaron a un lado su división interna y decidieron presentarse juntas a las elecciones bajo un movimiento llamado Frente Popular. Aun así, no estaba nada claro qué iban a hacer, porque incluso dentro del propio partido socialista español –la fuerza izquierdista preponderante– había dos tendencias irreconciliables: la moderada de Besteiro y Prieto, y la revolucionaria de Largo Caballero (el “Lenin español”). Y aparte, había que ver cómo iban a reaccionar los anarquistas, que nunca habían creído de verdad en el régimen republicano burgués. Por lo demás, según se ha confirmado hace poco, las elecciones de febrero de 1936 fueron un fraude en toda regla, pues oficialmente ganaron las candidaturas del Frente Popular, pero se dieron numerosos casos de manipulación y pucherazo a favor de las izquierdas, lo que debería haber obligado a repetir los comicios, pero las irregularidades fueron ignoradas o silenciadas.

Sea como fuere, se constituyó un gobierno del Frente Popular[6] en el cual no quisieron intervenir los socialistas pese a ser la fuerza más votada (¿?), mientras la derecha se agrupaba en torno al líder católico y monárquico José Calvo-Sotelo, en tanto que el extremismo falangista se acentuó al ser encarcelado en marzo su líder José Antonio Primo de Ribera por orden de las autoridades frentepopulistas. Pero si desde 1931 las cosas no habían ido precisamente bien, en tan sólo unos meses la situación se hizo insoportable para la gran mayoría de la población, con una tensión social y política sin precedentes. En efecto, tras las elecciones, el régimen republicano ya había entrado en una etapa de descomposición y caída libre hacia el abismo, desgarrado por la presión de un proletariado dispuesto a emprender sin más la revolución, por la reacción de los conservadores y extremistas y por las amenazas de una sublevación militar.

Durante esta etapa, y hasta el estallido de la Guerra Civil, la situación fue de mal en peor, y nadie –ni a izquierda ni a derecha– estaba satisfecho de cómo iban las cosas. El gobierno refrenaba como podía el clima prerrevolucionario y no dudó en seguir utilizando la fuerza para la represión popular. El caso más sangrante fue el que tuvo lugar en Yeste (Murcia) a finales de mayo, en el cual murieron 17 personas a manos de la Guardia Civil. De todos modos, es justo señalar que el extenso historial de detenciones abusivas, malos tratos, torturas e incluso asesinatos por parte de los cuerpos de seguridad ya se remontaba a inicios del régimen. Según Rodrigo, la cifra de torturados o maltratados durante el régimen republicano ascendió a unas 78.000 personas, de las cuales 4.000 murieron a causa de las heridas recibidas. Por otro lado, la cifra de muertos por descargas policiales (amparadas en la Ley de fugas) se elevaría a 3.900.

El general Mola, republicano pero líder de la conjura

Pero por otra parte, el gobierno pareció sobrepasado por los acontecimientos y permitió todo tipo de desmanes y atropellos cometidos por las turbas revolucionarias, en especial contra la Iglesia católica. Todo ello provocó a su vez la reacción violenta de los grupos más radicales de la derecha (sobre todo falangistas) y la determinación de una buena parte del ejército de intervenir para acabar con el caos imperante. Sobre este punto concreto, el famoso ruido de sables era bien patente desde las elecciones de febrero, mientras muchos de los conjurados se esforzaban en jurar y perjurar al régimen que iban a respetar la legalidad…. y el gobierno hacía ver que se lo creía. Por lo tanto, las máximas autoridades sabían muy bien lo que se les venía encima pero siguieron mirando para otro lado.

Llegados al verano de 1936, el clima político y social era totalmente irrespirable. Como muestra de cómo estaban las cosas, citaré un extracto del discurso del diputado de la CEDA José M.ª Gil Robles, en una sesión parlamentaria dedicada al “estado subversivo de España”[7]. Concretamente, Gil Robles recriminaba la pasividad del gobierno ante un gravísimo estado de cosas que parecía estar fuera de todo control, pese a que –como ya se ha mencionado– la República era poco menos que un estado policial. El líder de la CEDA echó mano de unas estadísticas oficiales que incluso a día de hoy nos dejan con la boca abierta, pues recogían fielmente la cruda realidad del momento. Así, desde la victoria del Frente Popular en febrero se habían acumulado 160 iglesias completamente destruidas y otras 251 asaltadas o dañadas. La violencia social y política se había cobrado 259 muertos y casi 1.300 heridos. El desorden civil se traducía en 138 atracos, 69 centros particulares o políticos destruidos (y más de 300 asaltados), 10 sedes de periódicos totalmente destruidas (y otras 33 asaltadas), y 146 artefactos explotados. A ello se sumaba una altísima conflictividad laboral, con 113 huelgas generales y 228 parciales. ¿Se imaginan un escenario así en 2017?

Y si uno lee la trascripción completa del diario de esa sesión parlamentaria podrá observar sin dificultad que los ánimos no podían estar más encrespados, con continuaciones interrupciones, abucheos, amenazas, injurias, recriminaciones… Ciertamente, da la impresión de que nadie quería parar un tren que se encaminaba sin frenos hacia el precipicio, con el agravante de que todos los implicados no dejaban de echar más carbón a la caldera…

Y apenas un mes después de esta agitada sesión parlamentaria se produjeron los terribles hechos que acabaron por desembocar en el famoso “Alzamiento” pocos días después: los asesinatos del teniente de asalto Castillo (militante socialista) y del líder derechista Calvo-Sotelo, éste último a manos de miembros de las fuerzas de orden público. Quizá cueste imaginarse un poco esta situación, pero si la extrapolamos a la actualidad sería como si unos agentes de seguridad del estado asesinaran a Pedro Sánchez, líder de la oposición. ¿Cómo calificaríamos semejante aberración?

Resistencia popular ante los sublevados (julio 1936)

Lo que vino después –la Guerra Civil y la liquidación de la República– nos llevaría a escribir mucho más texto. No obstante, vale la pena destacar al menos ciertos hechos para ver hasta qué punto la República hizo mal las cosas. Primeramente, la República, pese a saber de sobras que el golpe militar era un amenaza real y próxima, no tomó las medidas adecuadas, aparte de “exiliar” a ciertos mandos peligrosos, como si eso fuera a arreglar las cosas. Y nada más estallar la sublevación en África y empezar a extenderse la rebelión en algunas plazas en la Península, el gobierno de Casares Quiroga no reaccionó en consecuencia ni creyó que la cosa fuese realmente seria. Pensaron tal vez que era una bravuconada como la Sanjurjada de 1932 y que los alzados serían rápidamente reducidos. Ese fue el primer y gran error[8]: no medir realmente la gravedad del momento. Pero las fuerzas revolucionarias se echaron a la calle y decidieron afrontar la crisis por su cuenta, para lo cual exigieron armas al gobierno, que en principio se negó a tal petición.

Y aquí vino el segundo error: atrapado entre la virulencia de la reacción contra el golpe militar y la imposibilidad de pactar con los rebeldes, el gobierno disolvió el ejército, licenció a las tropas y entregó armas a sindicatos y partidos de izquierda. El verdadero ejército republicano quedó reducido a prácticamente nada en medio del caos y no se pudo evitar el triunfo de los sublevados en muchos lugares, mientras que en otros las fuerzas de la revolución vencieron a los militares rebeldes y aprovecharon la coyuntura para tomar el poder. El resultado fue que el orden republicano dejó de funcionar en gran parte del territorio, siendo sustituido por un conglomerado de fuerzas políticas que habían tomado las calles por la fuerza. Como varios historiadores han señalado, el alzamiento preparado para combatir la revolución, lo único que hizo fue dispararla, y la República fue incapaz de lidiar ni con una ni con otra tendencia.

Los revolucionarios se hacen con el poder (Barcelona, 1936)

Luego, los errores se fueron acumulando en cadena. Los primeros días debían ser cruciales para imponerse a los alzados y para restablecer el orden republicano, pero no se consiguió ni una cosa ni otra. Se sucedieron nada menos que tres gobiernos (Casares Quiroga, Martínez Barrio, Giral) en dos días, y pese a disponer de la casi toda la aviación, la mayor parte de la flota y muchos recursos humanos y materiales, la República fue incapaz de contener el avance imparable de los sublevados en esos días, que afianzaron sus plazas fuertes y empezaron a extenderse por muchas zonas. El gobierno apenas podía hacer nada y careció de autoridad real, como le sucedió en particular a la Generalitat de Catalunya, que –una vez aplastada la sublevación– vio cómo triunfaba la revolución y todo el poder efectivo pasaba a las milicias obreras. Desde ese momento la República cayó en manos de elementos radicales y los jerarcas burgueses republicanos poco pudieron hacer para evitar los saqueos, asesinatos, vejaciones, encarcelamientos y otros muchos desmanes cometidos contra todo aquel que no fuese izquierdista[9].

Los antagonismos sociales y políticos que apenas podían contenerse desde febrero del 36 acabaron por estallar y desapareció cualquier atisbo de “centro” o “moderación”. La sociedad española pasó a estar formada por “rojos” y “fascistas”, unos extremismos irreconciliables que la propia República había ayudado a fomentar[10]. Entre medio quedó un grupo de población republicana no extremista que tuvo que adscribirse a un lado u otro para poder sobrevivir, aunque en algunos casos puntuales su moderación no les valió de nada, como los republicanos de centro asesinados en la cárcel Modelo de Madrid en agosto de 1936 o el caso del político demócrata-cristiano catalán Manuel Carrasco i Formiguera que huyó de la Cataluña revolucionaria y antirreligiosa para no ser asesinado por católico y burgués, yendo a caer más tarde en manos de los franquistas, que lo juzgaron y fusilaron por catalanista.

En esas difíciles circunstancias, con la sombra de una revolución de estilo bolchevique, las potencias democráticas occidentales no quisieron ponerse del lado de la República, que quedó indefensa y forzada a depender casi enteramente de la ayuda proporcionada por la URSS, que acabó por marcar del todo la política, la economía y la estrategia militar republicana. Los comunistas adquirieron de golpe una preponderancia total en la política y en el ejército y gracias a eso se pudo contener a los franquistas, al imponer su orden y disciplina frente al caos revolucionario. Y esa fue otra grave contradicción republicana: mientras que una facción republicana apostaba por supeditar la revolución al triunfo militar sobre los sublevados, la otra insistía más bien en lo contrario: primero hacer la revolución y luego ganar la guerra, pues consideraban que una cosa la traería la otra de forma natural. Entretanto, los camaradas comunistas soviéticos no apoyaron desinteresadamente a la República: lo hicieron a cambio de la totalidad de las reservas de oro del Banco de España, que partieron para la URSS en pago por las armas solicitadas (el famoso “oro de Moscú”). Este hecho, inevitablemente, comprometió la política económica y financiera de la República hasta el fin de la contienda.

Barricadas en Barcelona (mayo 1937)

Este comportamiento “poco revolucionario” se acabó de ver en 1937 cuando los comunistas decidieron cortar por lo sano con cualquier veleidad revolucionaria, sobre todo protagonizada por anarquistas y trotskistas. En los llamados sucesos de mayoque tuvieron lugar en Barcelona, estas facciones fueron combatidas y reprimidas por el poder republicano establecido, que se había hecho fuerte en torno al P.C.E. Además, muchos de los experimentos sociales y económicos libertarios que se habían llevado a cabo en territorio republicano[11] fueron cortados de raíz y reprimidos duramente por la fuerzas republicanas regulares. En resumidas cuentas, fue la propia República la que acabó con las esperanzas revolucionarias de las masas obreras y campesinas, como ya había ocurrido entre 1931 y 1936. Y para que no quedara duda, el propio P.C.E. declaró entonces que no estaba por imponer un régimen revolucionario en España, sino que apoyaba fielmente a la República democrática burguesa, aunque sus métodos y formas de actuación distaban mucho de ser “democráticas”.

En cualquier caso, todos los historiadores coinciden en que el bando republicano fue un nido de víboras, con enemistades y luchas internas entre los partidos, con una tremenda incapacidad de ponerse de acuerdo acerca de qué política llevar a cabo, y eso que las fuerzas de centro y derecha republicanas habían sido ya barridas. Esa desunión y recelo llegó también al terreno nacionalista, pues durante la guerra el gobierno de Cataluña desplegó su propia política[12], por lo menos hasta mediados de 1937, y lo mismo sucedió en el norte de la Península, donde los gobiernos locales fueron incapaces de coordinarse adecuadamente ante las ofensivas franquistas.

El anarquista Melchor Rodríguez, último alcalde republicano de Madrid

Pero llegados a 1938, los gobernantes republicanos –viendo que se aproximaba el desastre– trataron de apelar a la moderación y a la concordia nacional, cuando era obvio que esta voluntad, si es que era sincera, llegaba muy tarde. Y ya sabemos cómo acabaron las cosas: tras la derrota del Ebro y la caída de Cataluña, el régimen republicano se descompuso y las viejas rivalidades internas acabaron por estallar en una guerra civil (los comunistas contra todos los demás) dentro de la Guerra Civil. Fue el último acto deuna República desquiciada y sin rumbo, que se hundió por sí misma prácticamente sin que los franquistas tuvieran que intervenir en los dos últimos meses de la guerra. Y el triste espectáculo no pudo acabar peor, con la desbandada de casi todos los líderes políticos y militares republicanos, que huyeron del país semanas antes del fin de la guerra. Sólo unos escasos políticos y militares republicanos (Besteiro, Rodríguez, Escobar[13]…) se mantuvieron en sus puestos ante la llegada de las fuerzas enemigas, aun a sabiendas de que con toda probabilidad serían ejecutados o encarcelados de por vida. Por lo demás, aún hoy en día aún se acusa a los republicanos que pusieron fin a la guerra[14] de connivencia con el franquismo y de haber entregado la República a los fascistas. En fin…

Llegados a este punto, podemos condenar cuanto queramos el franquismo, con sus conocidos crímenes y persecuciones, que se prolongaron durante varios años aún después de la guerra. Todo eso ha sido narrado hasta la saciedad y no merece más comentario. Pero es un grave error que –por contraposición ideológica– todavía se siga idealizando o dando una imagen distorsionada del régimen republicano.

Con todo, no podemos ocultar que la crisis económica mundial tras la depresión del año 1929 influyó negativamente en el desarrollo de los acontecimientos. Tampoco se puede negar la nefasta influencia del agitado clima internacional, con la crisis de las democracias, el auge del fascismo y el triunfo de la revolución soviética. No obstante, nada de esto justifica la pésima conducción de la República por parte de sus dirigentes, antes y durante la Guerra. No se pudieron hacer peor las cosas, perdiendo la noción de la realidad, jugando a revolucionarios (pero sin serlo), azuzando una lucha política partidista despiadada, gestionando mal la cuestión territorial, la religiosa y la militar, fracasando en las políticas sociales y económicas, reprimiendo duramente a las clases populares y luego permitiendo que se tomasen la justicia por su mano y un largo etcétera. Es como si la República hubiese ofrecido el caramelo a las clases más desfavorecidas y luego se lo hubiese negado, dándole en su lugar un fuerte garrotazo. A su favor, empero, podríamos decir que la República implantó ciertos avances sociales, educativos y culturales, pero es un muy poco haber para tanto debe.

Las grandes esperanzas populares depositadas en la República (Proclamación de la República en Barcelona, abril de 1931)

La República, en suma, no sólo fue incapaz de resolver las grandes contradicciones del régimen anterior, sino que las agravó hasta el punto de dejar al país ingobernable y tomado completamente por los fanatismos y extremismos. Y es lícito recordar que algunos de los líderes militares que se alzaron en armas fueron en su momento republicanos convencidos –como el general Queipo de Llano– e incluso masones (los que mayormente trajeron la República), mientras que paradójicamente muchos militares monárquicos defendieron la República[15]. Obviamente, no justifico en absoluto la intervención militar, pero lo que ya no se puede sostener de ningún modo es que cuatro generales africanistas resentidos fueron los responsables de la caída de la República.

Desde luego, si alguien –premeditadamente– quería destrozar la frágil convivencia de la sociedad española y llevarla a una crisis total que desembocara en una guerra fratricida que a su vez encajara perfectamente en un marco prebélico mundial (con la oportunidad ideal para probar tácticas y armamentos) no lo pudo hacer mejor. Todo el montaje internacional que se construyó en torno a la Guerra deja bien a las claras que no fue una reacción improvisada y espontánea. Fue más bien un plan bien meditado y hábilmente ejecutado en que las víctimas fueron los de siempre.

© Xavier Bartlett 2017

Fuente imágenes: Wikimedia Commons

Aviso: la responsabilidad del contenido de esta entrada es pura y únicamente competente a su autor.

La farsa de la democracia

“El mundo está gobernado por personajes muy diferentes de los imaginados por aquellos que no están detrás del escenario.”

Benjamin Disraeli, Primer Ministro de Gran Bretaña, siglo XIX

Introducción

Visto el esperpéntico espectáculo al que estamos asistiendo desde hace meses en España sobre las elecciones, la imposible formación de gobierno y los fracasados diálogos, mucha gente se preguntará qué está pasando aquí o incluso se cuestionará los principios mismos de la democracia. Y tal vez más de uno habrá visto que la voz del pueblo cuenta más bien poco (por no decir nada), porque luego resulta que hay muchos poderes internos o externos que pasan muy por encima de lo que el ciudadano pueda pensar o sentir, o expresar mediante voto. Pero la gente, ante estos despropósitos, suele adoptar una postura resignada y pasiva, y defiende a capa y espada la democracia porque no hay otra opción posible (¿el caos, la anarquía, la dictadura…?). Y así pues, la población vuelve una vez más a las urnas para repetir el escenario surrealista de la película “El día de la marmota”, y además vota mayoritariamente al partido que acumula el mayor historial de corrupción en los últimos tiempos. ¡Viva la democracia! ¿Seremos capaces de una vez de hacer una reflexión crítica y sin prejuicios mentales de eso que nos han vendido como la cúspide de la libertad de los pueblos?

Lo cierto es que cuando uno intenta aportar argumentos en contra de las bondades de la llamada democracia es bien posible que lo encasillen en un ámbito próximo al autoritarismo, a las dictaduras, al fascismo o a cosas aun peores. Pero esta es una reacción lógica a la cual hemos llegado después de que nos hayan convencido de que este es el mejor sistema político posible. Por lo tanto, el mundo moderno, libre y civilizado es por definición “democrático”, en el sentido de que este es el camino a seguir, el que ha aportado libertad y prosperidad a los países, en base a unos sagrados principios de “soberanía nacional” e “independencia de los tres poderes” que fueron implantados durante las revoluciones francesa y americana de finales del siglo XVIII.

Así pues, vamos a introducirnos, al menos someramente, en los orígenes de la democracia, su establecimiento y su auge en los dos últimos siglos, así como en sus mecanismos internos y maneras de funcionar, para acabar por reconocer que la democraciaentendida en su traducción literal de “poder o gobierno del pueblo”, nunca ha existido ni existe hoy en día como tal. Es una farsa, una pantomima para hacer creer a la población que es ella quien decide libremente los destinos colectivos del país. Pero vayamos ya a los hechos históricos.

Un poco de historia

Pericles, emblema de la Atenas democrática (s. V a. C.)

Si nos remontamos a las formas democráticas más antiguas reconocidas, hemos de ir forzosamente a la Grecia clásica de mediados del primer milenio antes de Cristo. La difícil, agreste e insular geografía griega había facilitado desde muchos siglos antes la creación de pequeños territorios independientes con sus propios recursos e instituciones. Esto dio como resultado la creación de varias polis (ciudades-estado) que evolucionaron desde sistemas de gobierno autocráticos u oligárquicos a sistemas basados en la participación popular, compuestos por varios mecanismos de organización y reparto del poder (con asambleas populares, legislativas, judiciales, ejecutivas, etc.); todo ello bastante revolucionario con relación a los grandes estados imperiales como los que ya habían surgido en otras partes del mundo (Egipto, Sumeria, Babilonia, Persia, China, etc.), en los que solía gobernar un monarca por derecho divino. Pero no toda Grecia era un ejemplo de democracia, pues sin ir más lejos Esparta era una monarquía –o diarquía– autoritaria en la que una minoría muy selecta dominaba a una gran mayoría de la población. A su vez, la famosa democracia de Atenas y de otras ciudades helenas estaba restringida a una parte de la población con capacidad de voz y voto[1], y además, en la práctica, las decisiones venían fuertemente determinadas por las facciones o líderes con más preeminencia en cada momento. Eso sí, a diferencia de la democracia actual, que es indirecta, los antiguos griegos se reunían, discutían y votaban las cuestiones a debate o los cargos[2] de forma directa y a mano alzada. Por supuesto, esto era posible porque la democracia se restringía al ámbito de la polis, no a un gran territorio o estado.

Como heredera de esta tradición griega, tenemos el caso de la Roma antigua, que expulsó a sus reyes etruscos en el siglo VI a. C. para crear un régimen popular llamado república, que literalmente significa “la cosa pública”. Este sistema preveía la elección anual de dos cónsules como máximos representantes del poder romano por sufragio directo del conjunto de ciudadanos de las curias o tribus originales. Además, existían otros cargos ejecutivos que también se elegían por votación, como los censores, los cuestores, los tribunos o los magistrados. Por otra parte, había una asamblea heredada de la época monárquica, el Senado, que estaba compuesto por las personas de mayor rango, experiencia y prestigio y que tenía como fin legislar y asesorar a los cónsules, e incluso podía ejercer de cierto contrapunto a su poder.

Representación del Senado Romano

Sin embargo, en dicha época republicana, los cónsules ejercían un poder completo como si fueran auténticos reyes y los puestos del senado ya se habían convertido en cargos hereditarios. Y si bien es cierto que con la República las masas populares –los plebeyos– adquirieron más cuota de poder y representación, acabaron por topar con el poder tradicional de los romanos de rancio abolengo, los patres o patricios, que seguían ostentando los mayores privilegios y prerrogativas por su categoría social. Así, aun cuando en las votaciones populares (comicios curiales o centuriados) los plebeyos podían aspirar a ganar, en la práctica había una democracia más bien pobre, y los mecanismos de poder seguían en manos de la aristocracia. Según se cita en Wikipedia:

“Las votaciones en los Comicios Curiales no eran igualitarias. Sólo los padres de familia tenían voto, estando mujeres y esclavos excluidos. La admisión de los plebeyos había dado la mayoría a las capas humildes. Por esto, las reformas tendieron a quitar poderes a estas Asambleas en favor de los Comicios Centuriados, donde no era preponderante la influencia de la nobleza o patriciado, pero sí de los ricos, y donde se votaba por centurias (cada centuria, un voto); al votar las seis centurias de caballeros (de familias distinguidas) las primeras, decidían casi siempre la votación. Las centurias de caballeros y las de primera clase reunían la mayoría. Además todas las votaciones de los Comicios Centuriados debían ser refrendadas por la Asamblea de Patricios.”[3]

Como se ve, ya en Mundo Antiguo existían las maneras de encauzar los mecanismos electorales hacia el resultado deseado por las clases dirigentes. Lo que es muy de destacar es que el sistema republicano romano institucionalizó una dualidad de facciones u opciones políticas: el partido de los plebeyos, defensor del pueblo bajo (una especie de “liberales” o, en el mejor de los casos, “progresistas”) y el partido de los patricios, defensor de la casta aristocrática (o sea, los “conservadores”). Por lo tanto, no había terceras ni cuartas alternativas, sino simple y puro bipartidismo, con una alternancia en los máximos poderes. ¿Les suena esto de algo? Por cierto, vale la pena resaltar que esta eterna dualidad-rivalidad política se tradujo en no pocas disputas, revueltas, asesinatos, conjuras e incluso guerras civiles a gran escala, que perduraron prácticamente hasta los tiempos de César y Pompeyo.

En efecto, todo este sistema republicano fue degenerando hacia una concentración de poder que tuvo como resultado en el siglo I a. C. la aparición de autócratas como Sila o el propio Julio César, que dieron el golpe de gracia al antiguo régimen. Así, ya desde Augusto, y pese a que formalmente se mantenían aún las instituciones republicanas, Roma se había convertido en un imperio o monarquía, en el cual sus gobernantes alcanzaban el poder absoluto por vía hereditaria o por las armas, sin que el pueblo tuviera nada que decir, aparte de pedir panem et circenses (“pan y espectáculos”[4]

Resurge la democracia

De este modo, el modelo democrático quedó enterrado durante siglos en el mundo occidental y tanto el sistema esclavista como el feudal mantuvieron al pueblo bajo las riendas del poder político-económico-religioso hasta la Edad Moderna, si bien existieron algunas instituciones representativas que funcionaban en paralelo al poder real, pero que respondían básicamente a los intereses de las clases más favorecidas. A partir de este punto, las monarquías absolutas camparon a sus anchas con excepción de Inglaterra, que mantuvo un parlamento de notables como contrapoder del rey[5]. Los cambios definitivos hacia un sistema democrático –tal como se entiende actualmente– no surgieron hasta la irrupción de los filósofos e intelectuales de la Ilustración francesa, con ideas como la soberanía nacional y la separación de poderes, según la clásica propuesta de Montesquieu: poder ejecutivo (el gobierno), poder legislativo (el parlamento) y poder judicial (la judicatura).

Clásica alegoría de la Revolución Francesa

Lo que vino después ya es bastante conocido: la independencia de los EE UU, que adoptan un régimen republicano constitucional, con un sistema parlamentario básicamente bipartidista (como continuación de la clásica dualidad inglesa de whigs y tories), y la revolución francesa, que elimina la monarquía absolutista y crea una república fundada en la famosa tríada de “liberté, egalité, fraternité”, los tres lemas que se convirtieron en el estandarte democrático de nuestra era contemporánea. A partir de este punto y durante todo el siglo XIX los sistemas democráticos se van difundiendo a través de las revoluciones liberales que tienen lugar en buena parte de Europa y de la América Latina, aunque en bastantes casos la instauración de los nuevos estados con formas republicanas y liberales fue en gran medida una pura fachada para disfrazar regímenes personalistas o clasistas.

Desde luego, no todo el mundo tenía derecho a voto ni había muchas opciones entre las que escoger, que eran las que permitía el sistema de poder establecido. Lo que es propiamente el sufragio universal no llegó a muchos países hasta bien entrado el siglo XX. Por ejemplo, en la muy democrática Gran Bretaña de inicios del siglo XIX sólo podía votar el 7% de la población adulta, y ello incluso después de una amplia reforma legal llamada Great Reform Act (de 1832). Sea como fuere, el poder pasó de estar a manos de aristócratas y terratenientes a estar controlado por burgueses y capitalistas. Entretanto, amplias capas sociales –sobre todo la población urbana y la emergente clase obrera– habían “comprado” las virtudes del nuevo régimen y habían dado su sangre para sacarlo adelante[6]. Así, la mayoría del pueblo creyó que la instauración de las democracias y de los parlamentos iba a traer paz, equidad, justicia social, prosperidad, etc. para todos. Pero la historia de las democracias modernas es una historia de más de lo mismo… o peor.

En la práctica, el establecimiento de sistemas más o menos democráticos no cambió en demasía la situación de gran parte de la población. Del odioso y clasista régimen feudal se pasó el emergente sistema capitalista, que también suponía diferencia de clases y nuevas formas de explotación. En cuanto al progreso, éste no vino dado por la nueva política, sino precisamente por los avances en la economía y la tecnología en forma de revolución industrial, que vino a coincidir en el tiempo con la implantación de los regímenes liberales. Así, es cierto que se proclamaron constituciones, se crearon parlamentos y se aseguraron derechos y libertades de los ciudadanos, pero lo que hizo avanzar el liberalismo fue definitivamente el moderno mundo industrial, que impulsó el crecimiento demográfico y una lenta mejora en las condiciones de trabajo y de vida[7].

Reunión de Yalta: democracias y dictaduras compartiendo guerras

Pero el hecho de que los ciudadanos llegaran a una cierta cuota de poder a través de unas elecciones que les permitían escoger a unos ciertos “representantes” no quiere decir que tuvieran posibilidad real de cambiar las cosas por sí mismos. Los estados seguían llevando a cabo sus políticas, mientras se enzarzaban en cruentísimas guerras como nunca se habían visto antes sobre la faz del planeta. En efecto, el siglo XX destaca con mucho en la creación de monstruos totalitarios (fascismo, nazismo, estalinismo, etc.) que nacieron precisamente del fracaso de las democracias y que a la postre fomentaron las dos tremendas guerras mundiales del siglo, más otros muchos conflictos locales que se llevaron por delante millones de vidas.

En este punto, es conveniente resaltar que en el moderno siglo XX muchos países con sistemas democráticos no tenían realmente una buena situación social ni económica y además solían estar infestados de terribles luchas políticas. Esto era caldo de cultivo para huelgas, inestabilidad social, episodios violentos, revoluciones internas, guerras civiles más o menos encubiertas, etc. Por ejemplo, la muy democrática República de Weimar de Alemania (1919-1933) fue un régimen condenado por las inacabables luchas políticas internas, la presión de los revolucionarios comunistas, la inflación galopante, la exigencia de pagos a los vencedores de la guerra, el escaso o nulo acceso al crédito internacional, la pobreza y falta de trabajo de buena parte de la población, etc. Así, en medio de esta vorágine, surgió un partido radical que quería acabar con toda esa inmundicia, mostrándose como una opción nacionalista, honrada, patriótica y socialista. ¿Se imaginan cuál? Estamos hablando del NSDAP, o sea el partido nazi de Adolf Hitler, que se presentó a las elecciones democráticas desde 1924 y acabó por ganarlas en 1933, lo que les dio acceso al gobierno del país –con el respaldo mayoritario del pueblo soberano– y a todo lo que vino después, de sobras conocido.

Lo que sí podemos aportar como imagen global de esas democracias modernas es que las condiciones de vida de la gente no dependieron realmente de votar a unos u otros. Los factores que determinaban esas bonanzas o crisis –basados en manipulaciones financieras al más alto nivel– se escapaban de las esferas políticas (como sigue sucediendo actualmente). Por otro lado, las democracias se mostraron como sistemas de poder controlados por élites que seguían igual de interesadas en la guerra como medio bien lícito para conseguir sus fines. Gran Bretaña, por ejemplo, construyó su enorme imperio global a partir de guerras, invasiones y colonialismo cuando ya estaba en funcionamiento su democrático parlamento. Lo mismo se podría decir de otras potencias europeas y –cómo no– de los EEUU, que pese a presentarse como paladines de la libertad, los derechos civiles y la democracia, han emprendido numerosas guerras en nombre de los valores democráticos y han arrasado o sojuzgado países con las más infames excusas, incluyendo los episodios llamados de “falsa bandera”. Asimismo, los EE UU tienen el muy dudoso honor de haber sido el único país hasta la fecha que ha lanzado un doble ataque atómico contra civiles, en el episodio bélico más salvaje, bárbaro y genocida visto en la historia de la Humanidad.

Los fundamentos de la democracia

Las urnas, “altares de la democracia”

Llegados a este punto, sería conveniente hacer un somero análisis de en qué consiste la democracia como sistema político, sobre todo haciendo hincapié en los mecanismos de votación, participación y representación, junto con el marco legal que conforma el régimen democrático, esto es, la constitución aprobada por el propio pueblo. De esta manera, no será difícil apreciar que en realidad, bajo una gran palabrería, el ciudadano normal de cualquier país no pinta absolutamente nada por mucho que lo convoquen a votar y los políticos apelen a frases como “las urnas han hablado”, “el pueblo soberano se ha expresado” o “vamos a ejecutar el mandato popular”, etc.

Si vamos a la raíz del sistema, se supone que el pueblo –en general– puede decidir cómo se va a organizar, cómo se va a gobernar, cómo se van a gestionar los recursos, qué objetivos se van a marcar a corto, medio y largo plazo, etc. Lógicamente, esto nos recuerda a la gestión de una gran empresa, porque el estado en cierto modo es una empresa (aparte de ser una institución), y aunque no debe “dar beneficios” sí debe responder a la gestión del bien común. Por supuesto, en una empresa no se da la capacidad de decisión a quien no está capacitado para ello, por muy buenas intenciones que tenga. Del mismo modo, los estados son estructuras complejísimas que conviven con otras estructuras semejantes, más otros poderes externos de todo tipo que influyen en la vida de las personas.

Por todo ello, que la totalidad de la ciudadanía opine y tenga (teóricamente) la decisión sobre los elementos que hemos citado es absurdo. Ya no estamos hablando de personas con baja capacidad, pocos estudios o falta de criterio; es que la práctica totalidad de la sociedad –incluidas personas inteligentes, brillantes y con estudios superiores– no sabe de verdad cómo funciona la maquinaria estatal o supraestatal. Así, el escritor George Bernard Shaw se permitió ironizar sobre esta situación diciendo que: “La democracia sustituye con la elección por la mayoría de incompetentes al nombramiento por la minoría de corruptos.” E incluso un estadista de gran renombre como el propio Winston Churchill –que reconocía abiertamente que la democracia era el menos malo de los sistemas políticos– llegó a decir en tono de broma que el mejor argumento contra la democracia era mantener una conversación de cinco minutos con un votante medio.

En fin, no es cuestión ahora de menospreciar a nadie, pero está claro que la población en su conjunto se comporta como un gran rebaño desorientado que sólo quiere comer bien y vivir en paz, y vota en función de lo que los políticos les prometen en ese sentido: que van a cambiar la sociedad, que van a crear más puestos de trabajo, que van a dar subvenciones para esto y lo otro, que favorecerán la creación de empresas, que van a construir más hospitales, etc., etc. Luego, por supuesto, son esos políticos los que tienen la sartén por el mango y los que hacen y deshacen. Además, desde el poder siempre se ha insistido en que la gestión de los asuntos públicos sin intermediarios sería imposible, utópica y de dudosa eficacia[8], lo que obliga forzosamente a instaurar un sistema representativo.

Ahora bien, si una comunidad (de un barrio, pueblo, ciudad o comarca) llegara a ponerse de acuerdo para discutir ciertos temas y someterlos a votación sin que mediase la participación de la administración y/o de los partidos políticos, entonces dicha democracia espontánea ya no sería válida, al no estar refrendada por los poderes establecidos democráticamente. Se consideraría en todo caso un acto simbólico, no vinculante, sin ningún valor legal, por no decir una mera pantomima…

Los “intermediarios del pueblo”

Aquí entramos en el tema crucial de la representación democrática. ¿Quién representa a los ciudadanos?, ¿Cómo tiene lugar esa representación?, ¿De dónde salen esos “representantes”? Por supuesto, todas estas cuestiones van a parar a los consabidos partidos políticos. Así, dado que la reunión de todos es inviable y que poner de acuerdo a muchos millones de personas es una quimera, se instauró un sistema representativo, que se remite a las antiguas “facciones” de Grecia y Roma que ya hemos citado. Por cierto, sería muy interesante aquí dilucidar de dónde surgieron los partidos. ¿Del propio pueblo? No, desde luego. Los partidos son entelequias creadas por los poderosos para que el ganado vea una cierta diversidad de opiniones y escoja, del mismo modo que un cliente va a una zapatería y el dependiente le saca cuatro o cinco pares de zapatos. “Esto es lo que tenemos, escoja usted.”

Todos detrás de una pancarta… prefabricada

Si uno estudia el origen de los partidos (en todo el mundo), se encontrará que en casi todos los casos los partidos fueron creados –y luego gestionados– por intelectuales, políticos, activistas, militares, burgueses, aristócratas reconvertidos al liberalismo, etc. Estas facciones cubren todos los espectros del pensamiento político (izquierda, centro, derecha) y todo tipo de sensibilidades colaterales (nacionalistas, liberales, radicales, ecologistas, fundamentalistas, etc.). El objetivo es que todo el mundo se adscriba a una corriente de pensamiento, que no sale de la propia persona, sino que está prefabricada y vendida día sí y día también para que todo el mundo sepa a qué atenerse. Sí que es cierto que unos pocos ciudadanos pueden formar un partido “independiente” y presentarse a las elecciones, pero con nulas posibilidades de obtener representación en un parlamento, pues si no tienen detrás a “alguien” que les apoye convenientemente (con dinero y una fuerte campaña de visibilidad), no saldrán del anonimato.

En la práctica, el sistema de partidos es un casino donde todas las cartas están marcadas y los resultados bajo control. Para ello, además, se favorece el bipartidismo –o la formación de dos grandes alianzas o bloques– mediante los propios mecanismos institucionales y también con una notable manipulación de las mentes para dar a entender que, en el fondo, no hay más que dos alternativas (los tirios y troyanos de toda la vida). Así pues, el bipartidismo consigue reducir las opciones a los votantes y simplifica al máximo el sistema electoral y representativo.

Por otra parte, es bastante evidente que dentro de los propios partidos no hay verdadera democracia sino un marasmo de órganos de gobierno, ejecutivas, comités, comisiones, asambleas, etc. que no esconden la existencia de una línea directiva –que nunca sale al primer plano– que manda y ordena y pone a todo el mundo en su sitio. Puede, desde luego, haber cierto debate interno y disensiones, pero a la hora de mostrarse a la sociedad y ejercer su papel en el parlamento se impone el monolitismo. El diputado electo (por una circunscripción concreta[9]) se debe a su partido y a nadie más, vota lo que le dicen y su conciencia queda aparcada en algún remoto lugar. Además, las listas electorales de los partidos, como es bien sabido, son cerradas, como casi todo lo que se ofrece en política. Otro tema sería averiguar cómo ciertas personas llegan a ser líderes de sus partidos, pero esto nos llevaría a terrenos más oscuros y complicados.

De aquí saltamos al juego del parlamento y de los métodos de representación “aceptados”, que teóricamente deberían respetar el valor equivalente de cada voto y el principio de la proporcionalidad. Pero ya hemos visto que desde tiempos de los romanos los sistemas de votación y su traslación a una cámara o institución estaban enfocados a ofrecer ciertos resultados, los deseados obviamente por la élite dirigente. Dicho de otro modo, la dispersión del voto y de los representantes crea un indeseable efecto de atomización de grupos y la consiguiente dificultad de acuerdo (¿a qué me recuerda esto?). Por lo tanto, si interesa crear crisis e incertidumbre se añaden más partidos a la receta; si interesa el sosiego y la continuidad, se dejan pocos partidos en liza. Además, los poderosos ya se preocupan de centrar la atención de los ciudadanos en ciertos partidos y favorecer la imagen pública de unos u otros para inclinar sutilmente las intenciones de voto. Y aquí llegamos a las campañas electorales y la captación de los votantes.

El espectáculo y las grandes palabras

Movimiento “15-M”

Si uno estudia cómo son las campañas electorales, se dará cuenta de que es una gran operación de marketing en la que todo está calculado, fijado y medido por el sistema. Nadie verá en la televisión, ni en los medios ni en las calles, otras opciones que no sean “las que corresponden”. Y cuando de repente sale una novísima alternativa como una seta, de la nada, y se instaura cada día en los medios de comunicación y se mete en nuestra casa como si fuera de toda la vida… es que no era tan “popular” ni tan “espontánea”[10]Todo el mundo tiene en mente de qué clase de partido estaríamos hablando…

Y lo que no deja de ser asombroso es lo pobrísimo que suele ser su argumentario: algunas ideas clave, fáciles eslóganes[11], populismo, demagogia, obviedades, vaguedades y grandilocuencia. En general, en el discurso se suele apelar a los grandes artificios (servicios) del estado y de la sociedad moderna: la educación, la sanidad, las infraestructuras, las pensiones, etc., aunque en el fondo se pretende llegar al terreno de las emociones y de los miedos atávicos, o hasta al patriotismo[12], sin que falte nunca el ataque frontal al adversario, entendido como la raíz de todos los males del país. Sea como fuere, al final se consigue el objetivo: que las masas voten mayoritariamente a los partidos insignia y poco más. El sistema ya está, pues, legitimado.

Aquí lamentablemente volveríamos a mencionar el tema de un electorado ignorante y dócil, que responde a los estímulos lanzados por los partidos hacia los grupos sociales adscritos a una u otra tendencia política, lo que podría calificarse de “clientelismo”. De hecho, no hay más que ver los mítines para ver que son los propios “clientes” (esto es, los ya convencidos) los que acuden; en realidad todo es como una fiesta, un show, una ceremonia si se quiere, en la que uno habla y unas decenas o centenares de personas aplauden y agitan banderas. Y aunque algunos “clientes” cambien de “tienda” (cosa posible y frecuente hasta cierto punto), nada cambiará en el fondo porque todas las “tiendas”, que lógicamente ostentan distintas marcas, son en realidad propiedad de un mismo “grupo”… Todo ello por no hablar de la cantidad de votantes que se inclinan simplemente por el candidato más guapo, el más simpático, el que habla mejor o el que asegura el cobro de las prestaciones o subsidios. O por no citar a los pobres ancianos a los que llevan a un mitin en autocar y se les premia con un bocadillo… y acaban votando según los mismos principios caciquiles de hace un siglo. ¿Y cuántos votantes serían capaces de describir al menos someramente el programa completo del partido político al que han votado? Mejor no saberlo…

Sistemas y resultados para todos los gustos

Después aparecen en escena los mecanismos de asignación de representantes (o escaños en un parlamento), que en vez de ser universales resultan estar muy bien adaptados a las singularidades de cada país. Por consiguiente no hay un sistema democrático universal, sino muchos, y tampoco importa demasiado si la abstención es muy alta, porque cualquier porcentaje –a menos que sea bajísimo– legitima a los que resultan elegidos. Sin ir más lejos, en los EEUU hay que estar inscrito para poder votar, y a la hora de la verdad la abstención es muy alta, alcanzando a veces a la mitad del censo electoral ¡en el país más democrático del mundo! Además, EEUU es un régimen presidencialista en que el presidente es escogido indirectamente por el voto popular y luego mantiene amplios poderes legislativos y ejecutivos, sin que tenga que responder de sus actos y decisiones ante la cámara de representantes (votada por la población). Y por si fuera poco, el extraño modelo americano permite que el partido que gana las elecciones en un estado –aunque sea por una sola papeleta– se lleve todos los votos electorales, barriendo así cualquier clase de proporcionalidad o representaciones minoritarias. De esta manera, se puede crear la paradoja de que el presidente de los EEUU no sea el candidato más votado por el pueblo, como sucedió con George W. Bush en 2000.

Pero lo que realmente llama la atención es que la supuesta proporcionalidad no es tal, sino que viene corregida para favorecer a los más votados, como ocurre cuando se aplica la famosa Ley d’Hondt, como en el caso de España. Y luego tenemos el escándalo de que los votos tampoco valen igual, porque las circunscripciones asignan cierto número de diputados por territorio (provincia en el caso español), y así un voto urbano de una región muy poblada puede valer mucho menos que otro voto rural. Es lo que coloquialmente se expresa diciendo que un diputado en tal provincia “cuesta” muchos menos votos que en otra. El sistema es perverso en sí mismo, pero todavía es más evidente cuando vemos que aplicando distintos mecanismos de representación se obtendrían resultados muy dispares, lo que pone bien de manifiesto que el voto de los ciudadanos “da mucho juego”.

Veamos el caso de España y las últimas elecciones del pasado verano de 2016, que más o menos repitieron los resultados de las fracasadas elecciones del 20 de diciembre de 2015. Con la circunscripción actual, que es por provincias, el PP ganó los comicios con 137 escaños pero se quedó lejos de la mayoría absoluta. El PSOE logró 85 escaños; Unidos Podemos, 71; Ciudadanos, 32; y ya el siguiente grupo, ERC, sólo 9 (¡pero presentándose exclusivamente en una de las 17 autonomías del estado!). No obstante, si la circunscripción fuese por autonomías, el PP hubiera bajado de forma notable (125 escaños) y Ciudadanos hubiera recogido esa pérdida (43 escaños). Pero lo más flagrante es que con circunscripción única estatal el PP hubiera seguido bajando hasta los 119, y Ciudadanos subiendo hasta los 47, con PSOE y Podemos con resultados semejantes a los obtenidos el 26-J, un poco mejores para estos últimos.

Resultados dispares según los métodos de representación. (La línea roja indica la mayoría absoluta)

Sin embargo, si aplicásemos otros modelos igualmente democráticos de otros países para los 350 escaños del parlamento de España, las sorpresas serían enormes. Con el método alemán, el resultado de PP y PSOE no cambiaría apenas, pero Podemos y Ciudadanos subirían mucho (82 y 51 escaños totales respectivamente) gracias a que el resto de partidos menos votados desaparecían del parlamento. Y si se emplease el modelo italiano, el PP tendría mayoría absoluta ¡con 193 escaños! A su vez, los partidos nacionalistas, regionalistas o minoritarios (actualmente con 25 escaños entre todos) tampoco pisarían el parlamento. Finalmente, el modelo americano presidencialista daría como resultado un parlamento muy distinto del que conocemos: El PP tendría nada menos que 263 escaños, Podemos 55 y el PSOE se quedaría sólo con 22, y a no mucha distancia estaría ERC con 10. Y no habría nadie más en las Cortes; véase que Ciudadanos desaparecería por completo del mapa. Y por cierto, en el Senado, segunda cámara de representación popular (de dudosa –por no decir nula– utilidad, aparte de ser un cómodo retiro para algunos veteranos políticos), el PP sí goza de una cómoda mayoría por el muy particular sistema de elección de los senadores. Sin comentarios.

Y por supuesto, luego tenemos la trastienda más oscura de la democracia, que es la corrupción del sistema en forma de manipulación de los resultados electorales, lo que comúnmente se denomina “pucherazo” o “tongo”. Tradicionalmente, dichas maniobras para modificar dolosamente los resultados de las urnas se habían atribuido a regímenes autoritarios que tiraban del plebiscito y la consulta popular para legitimarse en el poder, con resultados que rozaban el 100% para la propuesta gubernamental. Sin embargo, en todo el siglo XX y en muchos países (sobre todo del Tercer Mundo), ha habido fundadas sospechas de pucherazo a partir de todo tipo de maniobras fraudulentas o caciquiles en el proceso de votación o bien trampas realizadas durante o después del recuento de votos. Pero incluso los países más “serios” y “civilizados” no están exentos de este tipo de prácticas. Así, en las citadas elecciones españolas de verano de 2016, corrieron sospechas de que se había producido un sutil tongo informático –muy difícilmente detectable– para manipular los resultados finales de la coalición Unidos Podemos, que sacó muchos menos votos que en las elecciones anteriores, pese a sumar en teoría los votos de dos formaciones[13].

Mayorías, minorías y apaños

Pero los vicios del sistema relacionados con las matemáticas, los escaños, las mayorías y minorías van más allá, y esto ocurre a todos los niveles, tanto en ayuntamientos como en regiones o estados. La democracia impone por definición el gobierno de una mayoría sobre una minoría, lo que puede convertirse en una “tiranía de la mayoría”, como ya decían los propios filósofos de la Grecia antigua. En efecto, la opción mayoritaria puede tener la tentación de convertirse en la única “voz de todo el pueblo” aunque en la práctica no intente ni pretenda satisfacer a todos, incluso cuando la minoría casi represente el 50% de la población[14]. Lo cierto es que los partidos se formaron como agrupaciones que teóricamente pretendían dar respuestas a toda la población, pero no por nada se llaman precisamente “partidos”, esto es, partes, facciones que responden a una cierta visión ideológica de la sociedad, que choca frontalmente con la de otros “partidos”. Entonces, en vez de construir entre todos por el bien común, cada una desde sus posiciones, se dedican justamente al “partidismo”, esto es, a alcanzar cuotas de poder, a dividir, a crear oposiciones y desencuentros. En suma, es la vieja táctica del “divide y vencerás”, que se ocupa de que la gente nunca esté unida sino separada en ideologías, naciones, valores, intereses, etc.

Y después ya sería muy fatigoso hablar de aquellas típicas situaciones de mercadeo, trapicheo y revanchismo en que las opciones más votadas se van al garete porque todas las demás fuerzas se alían contra ésta para sacarla del poder. E incluso, a veces, una gran mayoría suele estar en manos de una opción minoritaria –frecuentemente de una ideología bastante dispar y hasta casi contraria– que dan la suma justa para poder gobernar, lo que de hecho crea gobiernos cautivosdel capricho o decisión de unos pocos parlamentarios que han sido votados por una ínfima parte del electorado. Es decir, por un lado, las mayorías absolutas crean “rodillos de poder” que actúan por su cuenta y no escuchan lo que tienen que decir los demás. Por otro lado, las minorías que se presentan y ganan unos escaños decisivos pueden girar la tortilla hasta donde ellos quieran o forzar acuerdos más bien frágiles (y bastante incomprensibles para muchos ciudadanos). Y qué decir de aquellos supuestos “anti-sistema” que se presentan a las elecciones, obtienen representación, cobran sus buenos sueldos y empiezan a hablar como la gente a la que criticaban sólo un día antes… Y, por cierto, tampoco resulta muy edificante la pugna subterránea –o reparto– de puestos y cargos públicos entre varias formaciones políticas, tras las aparentes discusiones por la aplicación de los respectivos programas[15].

Constituciones y leyes para dejar todo atado

Constitución de los Estados Unidos de América

En cuanto al marco institucional y legal de la democracia, éste viene presidido por la existencia de una constitución, entendida como un acuerdo general –compartido por todos los ciudadanos– que define y asienta las bases del régimen democrático de un país, regulando su funcionamiento político, económico y social. Además, ejerce el inestimable papel de “ley de leyes”, con lo cual todo el aparato legal se debe ajustar a los principios y normas constitucionales. Lo que ocurre luego es que, aunque los ciudadanos sean llamados a refrendar la constitución con su voto, los que la discuten, elaboran y redactan son los partidos políticos y los “hombres de estado”. De ahí que –si vamos un poco al fondo– quede patente que las constituciones sirven para entronizar el poder del estado, con sus múltiples resortes, como supuesto mecanismo al servicio del pueblo. Por lo demás, todo lo que queda fuera de ella es ilegal o alegal.

En la práctica, las constituciones –aparte de sus formalismos y grandes proclamas– no sirven al ciudadano, sino que lo encajan en un aparato construido por el poder, sin que éste pueda usarlo para cambiar la realidad que lo envuelve, al comprobar que cualquier constitución funciona como una declaración de buenas intenciones que no tiene por qué cumplirse en la realidad y que incluso puede ser interpretada a gusto del exégeta de turno. De hecho, son los partidos y las instituciones los que apelan a la constitución o acuden al tribunal constitucional para dirimir sus disputas.

Al ciudadano le queda muy lejos el paraguas constitucional, y así, aun cuando el texto constitucional diga –por ejemplo– que “todo ciudadano tiene derecho a una vivienda digna”, de bien poco le servirá ante la implacable realidad socio-económica del sistema, en la que se mueven cómodamente las hipotecas, los abusos bancarios, las especulaciones, las corruptelas o las burbujas inmobiliarias. En efecto, no cabe esperar que el estado se meta en un negocio que no es el suyo. El estado básicamente recauda dinero, impone normas y procura que la población esté bien controlada (perdón, quise decir “atendida”). Que haya amplias regulaciones y directrices sobre cómo moverse y actuar en una cárcel no significa que el edificio donde estamos deje de ser una cárcel.

Lamentablemente, vemos que las leyes democráticas no son en el fondo tan distintas de las de los estados totalitarios, pues responden a la conveniencia de los poderosos, a los cuales protegen y exculpan. Así, no es difícil apreciar que la ley –en la práctica– no es igual para todos, aunque de vez en cuando algún gran personaje sea enviado a prisión para demostrar que el sistema funciona[16]. Pero para gran parte de la población, la ley es papel mojado, injusta, interpretable o arbitraria, o terriblemente lenta e ineficaz. De hecho, hace ya años, un veterano abogado, reviviendo la experiencia de su larga carrera profesional, me confesaba que en un mundo de poderosos y débiles, aun conviviendo en un régimen democrático, no hay verdadera justicia ni puede haberla, por muchas leyes que haya.

Y, en fin, la cruda verdad es que el ciudadano de a pie no redacta las constituciones ni legisla. Nunca en la historia el pueblo llano ha escrito una ley, en ningún país civilizado, desde el tiempo de los faraones de Egipto. La ley y las medidas políticas, económicas, financieras, sociales, etc. son dictadas por el gobierno, que debe tener el respaldo del parlamento, que a su vez está basado en los partidos, pero… ¿quién esta detrás de los partidos o los grupos de poder? Esta es la pregunta del millón.

¿Sirve realmente de algo?

Todo lo dicho hasta ahora ya debería provocar más de una seria reflexión, pero si nos vamos al fondo real de la cuestión, que sería el ejercicio del poder democrático, es cuando la situación se hace verdaderamente dramática. Lo que cuesta muy poco ver es que una vez realizadas las elecciones, formados los gobiernos y emprendidos los programas prometidos, el ciudadano desaparece del mapa para no reaparecer hasta las siguientes elecciones. Realmente, la acción ciudadana –aparte de poder ejercer cierto pataleo en la calle– es meramente testimonial, y al mismo tiempo del todo pasiva: vota a unos ciertos partidos (cerrados) que le han puesto frente a él y a unos programas (cerrados) que le han vendido, y no hay mucho más que contar. Y luego, todos a votar con ilusión… la fiesta de la democracia, la llaman.

En el teatro democrático casi todo es posible y así pues no es insólito que nadie pida cuentas a los políticos por no cumplir sus promesas electorales o que no sufran más castigo que no ser votados en las siguientes elecciones. Los partidos pueden prometer lo que quieran porque no va a pasar nada si luego las cosas van por otros derroteros. Un partido puede decir antes de las elecciones que de ninguna manera va a subir los impuestos y luego subirlos a los dos días “porque las circunstancias así lo exigían”. La gente ya se ha acostumbrado a esto y de alguna forma asume, consciente o inconscientemente, que existe una gran maquinaria mundial a la que su gobierno debe ajustarse. Por lo tanto, los políticos prometerán –y darán luego si procede– lo que están capacitados para dar, pero no más allá.

¿Y todo esto por qué? Porque los políticos de cualquier país democrático –que han sido elegidos en calidad de representantes por los ciudadanos– NO tienen realmente poder para cambiar la sociedad, el sistema, el mundo. Por ejemplo, no pueden tocar ni una sola coma del sistema financiero mundial ni del sistema tributario, que son máquinas delictivas de explotación y depredación de las personas a partir del falso dinero-deuda impulsado ya hace siglos por la oligarquía banquera[17]. Tampoco pueden cambiar el modelo sanitario o de salud (que en realidad es de enfermedad), pues existen normativas mundiales que se aplican en prácticamente todos los estados del mundo. ¿Sabía el lector que por la Declaración de Alma Ata (1977), dictada por la OMS, se definen todos los criterios y protocolos globales de la práctica médica y sanitaria? Los gobiernos nacionales realmente no tienen potestad alguna para modificar esta materia, aunque puedan “abrir” o “cerrar” hospitales; todo está en manos de un intangible gobierno mundial (no votado por nadie), que decide “qué es lo mejor para la salud pública”. Para más ejemplos, véase que la producción y comercialización de los alimentos más básicos en todo el mundo depende de una única bolsa o mercado mundial en el que reina la pura especulación y el beneficio económico, sin que ningún estado o gobierno, de cualquier signo, pueda hacer nada al respecto. Bueno, para ser precisos no es que los gobiernos no puedan cambiar las cosas; es que no quieren cambiarlas, porque ese es el mandato de los de arriba.

Y si uno va profundizando en esta dinámica, verá que hay una pirámide de cesión de soberanía, por la cual las decisiones clave se toman en niveles cada vez más altos e indefinidos, en los cuales o bien no hay control democrático o bien las votaciones populares son meros formalismos. Por tanto, no es arriesgado afirmar que los gobiernos de los estados funcionan como meras correas de transmisión o sucursales de un poder centralizado global y que nunca han respondido al interés de los ciudadanos (tengan o no derecho a votar) sino a una minoría en la sombra que es la que tiene realmente el poder aquí, en Paraguay y en la China Popular, y que le da igual que haya una democracia o una dictadura de izquierdas o derechas, o una república o una monarquía. En efecto, esta élite ejerce su dominio desde todo tipo de sistemas políticos, y desde luego no se somete a ningún tipo de control ni de elección. Basta estudiar un poco de historia para comprobar cuál es el origen de los estados y de los códigos legales: fueron creados como estructuras de poder al servicio de una selecta minoría y han seguido manteniendo esta función hasta la actualidad, aparte de ejercer de valiosos instrumentos de refuerzo de la identidad y separación entre las comunidades.

El parlamento europeo (Estrasburgo)

Este poder omnímodo aparece ante de los ciudadanos de múltiples formas, sin que los ciudadanos aprecien que se trata de los varios tentáculos de un mismo pulpo. Así pues, ¿cuántas veces vemos que el gobierno de un país, votado democráticamente, ha de bajar la cabeza y cumplir ciertos ordenamientos externos que más parecen designios divinos? Véase, por ejemplo, que los ciudadanos han de aceptar –directa o indirectamente– lo que les venga de entidades tan etéreas como Bruselas, la Troika, el Fondo Monetario Internacional, El Banco Central Europeo, los “mercados”, las Naciones Unidas, la Organización Mundial de la Salud, la Comunidad Internacional, la OCDE, la agencia de calificación Moody’s, y un largo etcétera. O sea, si “Bruselas” dice que va a multar a “España” por esto o por lo otro, nadie parece decir nada. Pero… ¿quién es realmente “Bruselas”? ¿Y quién es “España”? ¿Alguien de este país ha dado permiso a su gobierno para endeudarse hasta las cejas y más? ¿Quién paga por los excesos, las malas prácticas y la mala gestión? ¿Quién paga por un sistema bancario en quiebra y luego rescatado con fondos públicos? Pues claro, los de siempre.

Efectivamente, las personas pueden votar lo que quieran (o mejor dicho, lo que les han permitido que voten), que quienes suben al poder ya se ocupan de atender a los que están arriba –los que realmente les han puesto allí– y de aplicar las directrices dadas en cada momento, como se pudo ver en el caso reciente de Grecia y su impotencia para llevar a cabo una política “soberana”. Pero hasta el más alto representante del pueblo, incluso si hablamos de una de las personas más poderosas del mundo –teóricamente– como el presidente de los EE UU, es una simple marioneta de ese poder. Así, cuando algún máximo dirigente se sale del guión acaba mal, como le sucedió a John F. Kennedy, presidente de los EEUU entre 1960 y 1963, que fue asesinado poco después de atreverse a poner en circulación dinero gubernamental libre de intereses (o sea, dólares no emitidos por la Reserva Federal).

Esta es la prueba más clara de que existe una prepotencia completa de ciertos poderes globales ajenos al ciudadano y que funcionan desde un discreto segundo plano, en forma de honorables instituciones poco conocidas que parecen ser más bien una reunión de distinguidos amigos que charlan sobre diversos asuntos de actualidad. Pero varios investigadores independientes llevan años estudiando este tipo de organizaciones y asambleas privadas, como el opaco Club Bilderberg, y han visto que allí unos pocos oligarcas internacionales deciden qué se va a hacer con el mundo en los próximos 5, 10 ó 20 años, en el terreno político, social, económico y financiero. Allí es donde se diseñan las políticas globales y se eligen de verdad a los líderes políticos, a futuros presidentes y ministros, directores de grandes instituciones, etc. Luego, en muchos casos, estos nombres salen en el menú ofrecido a la población y resultan ser elegidos… ¡qué casualidad![18]

Basta con mantener el control de las mentes

Para ir concluyendo, podemos ver que el ciudadano está aprisionado en un modelo que han hecho para él y en el que cree tener una cierta soberanía y libertad para decidir. Pero en realidad, todo está cerrado y condicionado a unas directrices que vienen “de arriba”, en las cuales el derecho a voto no modifica unos grandes planes que no admiten discusión. Por lo tanto, la democracia como sistema es un puro teatro mucho más elaborado que otros sistemas anteriores, pero que se fundamenta en el mismo principio: el control mental de las masas para llevarlas al terreno deseado. Sólo así se puede explicar que, por ejemplo, un pueblo tan civilizado como el alemán de mediados del pasado siglo decidiera votar mayoritariamente a una opción totalitaria y racista como fue el nazismo. A la gente se la convenció de que la democracia era corrupta y no valía para nada y que la dignidad y la prosperidad del país pasaban por la adscripción a un líder carismático y a una ideología radical. Por cierto, ¿alguien recuerda ahora lo bien que se vendieron a la población española las maravillas de la Unión Europea y del euro? Ahora quien se declara anti-europeísta es poco menos que un neandertal, un ignorante y un mal ciudadano, aunque de “Bruselas” sigan lloviendo las directrices, imposiciones, recortes, multas, amenazas, etc.

En suma, en un mundo ideal (por no decir utópico), con gente buena, honesta y realmente entregada al bien común, podría existir algo parecido a la “democracia”, pero lamentablemente –en el mundo en que vivimos– la casa se ha empezado por el tejado. Mientras la mente individual y colectiva siga atrapada en el interés, el miedo, la posesión, la falsa identidad, la separación y el apego al materialismo, poca cosa se puede esperar. No se trata de hacer revoluciones –que no han servido para nada, pues nada ha cambiado en el fondo– sino de evolucionar en términos de conciencia y, llegado el caso en un hipotético futuro, a las personas quizá no les importará para nada el sistema político, económico o social, porque no lo necesitarán en absoluto. Tal vez vivirán como en un remoto y mítico pasado, la Edad de Oro, en el que no existía la democracia pero sí la armonía.

© Xavier Bartlett 2016

Nota: que conste que quien esto escribe creyó durante muchos años en la democracia, en los partidos políticos e incluso en algunos líderes, y que ejerció su derecho al voto. Y también, a pesar de todo, reconozco que actualmente muchas personas que se presentan a cargos públicos (sobre todo en ayuntamientos) son gente trabajadora, honrada y de buena fe, y que hacen lo que pueden por el bienestar colectivo, dentro -claro está- de los márgenes del sistema.

Fuente imágenes: Wikimedia Commons


[1] Según las estimaciones realizadas, la cantidad de personas que participaban –y votaban– en la ecclesia (asamblea popular) no superaba el 10% de la población, excluidas las mujeres, esclavos y residentes.

[2] Cabe señalar que algunos cargos se desempeñaban por sorteo y no por votación o designación.

[3] Fuente: https://es.wikipedia.org/wiki/Curia

[4] Que actualmente vendría a ser “trabajo y fútbol”.

[5] De hecho, Inglaterra sufrió una guerra entre el rey y los parlamentaristas que desembocó en la creación de una monarquía constitucional, que limitaba los poderes reales, No obstante, el pueblo llano británico contaba muy poco y fue seguidista de unos u otros.

[6] Ténganse en cuenta las devastadoras guerras napoleónicas realizadas en nombre de la difusión de la revolución y las múltiples guerras desatadas como consecuencia de las revoluciones liberales.

[7] No hay que olvidar que durante el siglo XIX y los inicios del XX la clase obrera padeció unas condiciones de trabajo extenuantes y esclavizadoras, que fueron resueltas por el sistema con la entrada de los partidos socialistas en la política y la introducción de medidas sociales y mejoras laborales. En Rusia, en cambio, donde no había un verdadero liberalismo, la revolución proletaria se llevó por delante el antiguo régimen zarista feudal y la naciente etapa propiamente democrática, que apenas duró unos meses.

[8] Véase que los partidos llamados “asamblearios” son muy criticados porque la toma de decisiones se hace con la presencia de todos los militantes y con opiniones encontradas, que además pueden cambiar de un día para otro o pueden desautorizar a los líderes. En el fondo, claro está, los líderes ya se preocupan de dirigir a la asamblea hacia unas determinadas ideas o propuestas para evitar el caos.

[9] Y muchas veces se da el caso de que algunos diputados no han vivido nunca en la circunscripción por la que se presentan. El partido los pone allí para asegurar –más o menos– que obtengan el apetecido escaño.

[10] Véase como ejemplo un interesante documento en laverdadocultablog.wordpress.com sobre el origen del movimiento 15-M y del partido Podemos.

[11] Por ejemplo el del “cambio”, ahora tan repetido, es realmente viejo, porque ya triunfó en 1982 con el PSOE. Esto muestra que al ciudadano medio se le puede colocar cualquier cosa con cuatro palabras manidas y un tono solemne.

[12] Al respecto, en una memorable frase de la película Senderos de gloria, un coronel francés le dice a su superior que “el patriotismo es el último refugio de los canallas”.

[13] Además, en este caso se dio el típico descalabro de las “científicas” encuestas electorales, que se alejaron mucho (más allá de los márgenes de error) del resultado “real” de las urnas de esta coalición, cosa que nadie ha explicado aún, empezando por los propios expertos en estudios demoscópicos.

[14] Esta situación es bien visible en el actual escenario político catalán, en que el sistema electoral ha permitido tener más escaños que votos independistas, y entonces la mayoría decide echarse al monte y prescindir del resto de fuerzas políticas y de la población que no concuerda con la ideología imperante. Magnífico ejemplo de “democracia”.

[15] En una ocasión salió a la luz una conversación privada sobre este mercadeo de sillas y prebendas tras unas elecciones autonómicas en España, lo que causó un cierto revuelo por la desfachatez e hipocresía desplegada por las formaciones políticas implicadas.

[16] Lógicamente, hay grandes empresarios o a políticos de alto nivel que pueden ser juzgados e incluso ir a la cárcel, pero no son los poderosos de verdad.

[17] Sobre este punto es bien conocida la frase de Mayer Amshel Rothschild, el fundador de la dinastía de banqueros Rothschild, que dijo literalmente: “Dadme el control sobre la moneda de una nación, y no tendré porqué preocuparme de aquellos que hacen las leyes.”

[18] Hasta el propio Franklin D. Roosevelt, presidente de los EE UU a mediados del siglo XX, llegó a decir: “Los presidentes son selectos [seleccionados], no electos.”

Aviso: la responsabilidad del contenido de esta entrada es pura y únicamente competente a su autor.

Os habéis equivocado de independencia

Este blog (Somnium Dei) tiene por costumbre no meterse en política, pues ya hay mucha gente que se dedica a ello y que está en todas partes, en las redes sociales y los medios de comunicación. Es un terreno falso, movedizo y siniestro en el que reina la división y el enfrentamiento. Sin embargo, como sí tengo por misión hablar de la realidad y la conciencia, a veces me es inevitable bajar a los infiernos de este inframundo político, básicamente para despertar a los incautos y para descorrer algún tupido velo.

Manifestación de la Diada de Cataluña (Paseo de San Juan, Barcelona). Ni una sola bandera “tradicional”; sólo hay lugar para las “estrelladas”.

Así pues, me referiré a la candente cuestión catalana que ahora mismo tiene en vilo a mucha gente, tanto en Cataluña como fuera de ella. Y soy bien consciente de que este artículo lo van a leer cuatro gatos, quizá tres, pero vale la pena dejar por escrito que la verdad no reside en un lado ni en otro (como nos quieren hacer creer), sino en otro lugar que no es que sea equidistante, sino que más bien está en otra esfera. Espero pues que quede claro que no defiendo ni a unos ni a otros, ya que no participo en el juego de las trincheras.

En primer lugar, como ya expuse en el artículo sobre La farsa de la democracia, debo estropear las ilusiones de mucha gente. Lo siento, pero es así. Hasta Franco hacía referéndums, que desde luego tenía muy bien atados. A la gente se le permite votar lo que ya se ha preparado y diseñado para ser votado con las opciones convenientes, nada más. El sistema está cerrado absolutamente y los mecanismos del poder corren muy por encima de lo que la gente pueda decir en la calle o en las urnas. Luego, algunos nos vienen con el imperio de la ley y otras zarandajas, que es más de lo mismo. Esto se puede hacer pero aquello no, y si quieres ir a lo tuyo y saltarte las autoridades, te espera la persecución, la amenaza, el castigo, la represión. Es lo que nos han impuesto, desde el tiempo de los reyes sumerios -nada menos- en todos los países y culturas; en todas las épocas; en todo tipo de regímenes políticos (repúblicas, monarquías, dictaduras…). La ley es la conveniencia del poderoso; no libera, esclaviza.

Por otro lado, tener un “nuevo estado” es cambiar de celda dentro de una misma prisión. Presentar una situación de independencia como algo que conducirá directamente al paraíso, la libertad, la abundancia, la justicia, etc. es simplemente una mentira y una falacia [1]. Que se lo pregunten a los países africanos que salieron de la colonización europea hace unas décadas y alcanzaron su deseada independencia. ¿Acaso la población está mejor? ¿No hay ahora más hambruna, corrupción, miseria, enfermedad? Por no hablar de las múltiples y sangrientas guerras locales… Y entretanto las grandes potencias han seguido mandando allí gracias a la influencia de su enorme poder económico y financiero.

Hay que asumirlo. Los estados o las instituciones no nos pertenecen. Los ciudadanos de España, los de Paraguay, los de Egipto o los de China Popular (parafraseando al bueno de Carod-Rovira) no son “independientes”. Si Cataluña se independiza, el estado catalán servirá a sus amos, no a las personas. Los estados son meras sucursales de un poder global político-económico que existe desde hace milenios y que vive de la separación e individualismo de los pueblos. Fronteras, leyes, constituciones, policías, ejércitos, himnos, banderas, etc.: todo esto es puro teatro. No manda Trump en EEUU, no manda Putin en Rusia, no manda Merkel en Alemania, no manda Rajoy en España… ni mandará, en su caso, Puigdemont en Cataluña. Ellos sólo son figurantes que obedecen las órdenes de sus superiores. Es así; la democracia, entendida literalmente como “poder del pueblo” nunca ha existido, y en cuanto a nuestros supuestos representantes, sólo representan a sus amos. Cuando votamos, ratificamos la validez de nuestra prisión.

Que sepan todos, sin ningún género de duda, que el camino hacia la independencia catalana no lo han creado los catalanes. Ni el gobierno catalán, ni las instituciones de la sociedad civil, ni los partidos políticos, ni los diputados [2]. Eso es lo que nos han querido hacer creer, pero no es más que conducir un rebaño al lugar deseado, así de simple. Se trata de una operación de control mental masivo bien medida y calculada y llevada a cabo con su tempo, sus argumentos, sus controversias, sus injurias, sus falacias, etc. Es la clásica historia de buenos y malos, de explotadores y víctimas, que se va escribiendo y reescribiendo a gusto del guionista de la película, en todas las épocas y rincones del planeta.

Monument a Rafael Casanova

Ahora nos ha tocado a nosotros. Desde el independentismo se ha hecho una larga lista de agravios absolutamente insoportables para los catalanes, algunos de reales y otros fingidos o tergiversados, pues la mentira y la manipulación siempre son necesarias. Véase sólo a modo de ejemplo la épica soberanista de la lucha de 1714 por las “libertades nacionales de Cataluña” -según oí literalmente en la televisión autonómica catalana- y la realidad del edicto de Rafael Casanova [3], con la ciudad a punto de caer ya en manos felipistas (esto es un documento histórico, lo demás es simple y llanamente propaganda política):

Se hace saber a todos generalmente, de parte de los tres Excelentísimos Comunes, considerando el parecer de los Señores de la Junta de Gobierno, personas asociadas, nobles, ciudadanos y oficiales de guerra, que separadamente están impidiendo que los enemigos se internen en la ciudad; atendiendo que la deplorable infelicidad de esta ciudad, en la que hoy reside la libertad de todo el Principado y de toda España, está expuesta al último extremo de someterse a una entera esclavitud. […] Se hace también saber, que siendo la esclavitud cierta y forzosa, en obligación de sus cargos, explican, declaran y protestan los presentes, y dan testimonio a las generaciones venideras, de que han ejecutado las últimas exhortaciones y esfuerzos, quejándose de todos los males, ruinas y desolaciones que sobrevengan a nuestra común y afligida Patria, y exterminio todos los honores y privilegios, quedando esclavos con los demás españoles engañados y todos en esclavitud del dominio francéspero aun así se confía, que todos como verdaderos hijos de la Patria, amantes de la libertad, acudirán a los lugares señalados, a fin de derramar gloriosamente su sangre y su vida por su Rey [Carlos de Austria], por su honor, por la Patria y por la libertad de toda España. “[4]

Vaya, vaya… O sea que Cataluña no estaba luchando contra España, sino que el pueblo catalán luchaba por las libertades del Principado y de toda España frente el absolutismo francés, encarnado por los Borbones. Y como ya mencioné en otro artículo, numerosos voluntarios castellanos lucharon hombro con hombro con los barceloneses en la defensa de la ciudad sitiada. Esto no es exactamente lo que nos transmite la objetiva historia soberanista… Pero la realidad es que unos y otros, en cada bando, fueron engañados y llevados al trágico enfrentamiento. A unos se les dijo que la legalidad era el Borbón y a los otros que la legalidad era el archiduque de Austria. Esto bastó para mantener una larga guerra civil entre los reinos españoles, aparte de la guerra internacional.

Volviendo al presente, en esta farsa la colaboración cómplice de la otra parte es inestimable, pues ambas deben hacer el juego a la otra y favorecer la retroalimentación de las posturas extremas. Así pues, el “centralismo” o “españolismo” trabaja de lleno para el “catalanismo” o “independentismo” y viceversa, con lo que se consigue que se mantenga o crezca la espiral de separación y enfrentamiento, que es lo que en definitiva se desea desde arriba. Así, a la acción de unos le sigue la reacción de los otros y se entra en la justificación recíproca de la escalada del conflicto. Por un lado surge la rebelión (ejercida desde la unilateralidad y la “desobediencia civil”) y por otro, la represión (ejercida mediante jueces, leyes, dictados, órdenes, policía, etc.). Esto es lo que puede descolocar más de uno, pero es como ha funcionado siempre: la creación de dos bandos bien opuestos, pero que obedecen las órdenes del mismo poder único. En este sentido, ya se podrán figurar que los partidos políticos españoles y catalanes siguen el guión que se les ha escrito -del cual no se pueden desmarcar- que luego transmiten con gran elocuencia, sinceridad y aplomo a sus respectivos acólitos y creyentes.

Ahora bien, no me pregunten por qué se ha montado esta maniobra aquí y ahora, aunque es obvio que ha habido otros precedentes en Cataluña en que se ha soliviantado al pueblo catalán con apelaciones a la libertad, a la justicia, en la Casa Real (una u otra), a los Fueros, a los derechos, a la tradición, a la democracia, en la república o a otros motivos. Sólo para hacer un breve historial, nos podríamos retrotraer a la guerra civil catalana del siglo XV, la Guerra del Segadors (1640), la Guerra de Sucesión (1701-1714), las guerras carlistas del siglo XIX o finalmente la 2ª República y la guerra Civil (1931-1939). En todos estos episodios se dieron muchas desgracias y se vertió mucha sangre… pero la propia historia nos revela que la paz y la prosperidad en Cataluña no estuvieron ligadas a uno u otro régimen en particular y que incluso con “férreos centralismos” Cataluña gozó de etapas históricas de gran bienestar social y crecimiento económico, cultural, etc. En efecto, las cosas no cambiaron sustancialmente tras los conflictos, porque así ha ocurrido en todas partes a lo largo de los tiempos. Mejor dicho, a veces todo cambia (en apariencia) para que todo siga igual. En todo caso, como reconocía el presidente americano Roosevelt, cuando algo ocurre en la sociedad no es por casualidad; detrás hay un plan prefijado y una intencionalidad. Veremos dónde nos quieren llevar.

Sea como fuere, el destino final de esta situación (“independencia” o no) no está en manos ni del pueblo catalán, ni del pueblo español, ni de sus respectivos dirigentes políticos, ni del Tribunal Constitucional, ni de la Unión Europea ni de cualquier organismo internacional. Está en las manos de quienes realmente dominan el mundo, pues no es que ellos escriban la historia, es que ellos “hacen” la historia, y nosotros somos meros extras o espectadores en una farsa en la que no tenemos arte ni parte. Rectifico: en la que siempre somos las víctimas.

Y acabo dirigiéndome a mis queridos paisanos catalanes y muy en particular a los soberanistas para reconocerles que, en efecto, los catalanes no son españoles. Cierto; ni catalanes tampoco. Ni los españoles son españoles. No tratéis de comprender esto con la mente, nunca lo entenderíais. Utilizad la conciencia, no el “pensamiento racional”; todo lo que lleváis en el cerebro ya lo podéis enviar directamente a la basura. Lamento deciros que os habéis equivocado de independencia. La verdadera independencia, no ese engendro socio-político-económico materialista que nos han puesto delante de las narices, es algo bien distinto. Es una independencia que permitiría liberarnos a todas las personas de cualquier país de nuestra falsa identidad y de las cadenas que nos impone la élite global depredadora, egoica y desquiciada.

En fin, es una ardua labor. No es nada fácil ni cómoda. Pero es el camino a recorrer, y con un poco de suerte estará a la vuelta de la esquina. Y cuando completemos ese camino, ellos dejarán de tener el poder. Y no necesitaremos más prisiones, llámense estados, fronteras, leyes, constituciones, idiomas, costumbres, etc. Tarde o temprano tendremos que ver que las individualidades y particularidades, personales o comunitarias, no existen realmente; sólo forman parte de la ilusión en la que estamos inmersos. En verdad, la auténtica independencia es dependencia. ¿De qué? Lo siento, no les haré yo todo el trabajo…

© Xavier Bartlett 2017

Aviso: la responsabilidad del contenido de esta entrada es pura y únicamente competente a su autor.

NOTICIES DE LA TAULA ENERGÈTICA I D’HABITATGE DE FIGUERES

LA TAULA ENERGÈTICA I D’HABITATGE DE FIGUERES

Comunica que aquesta setmana ens han ates la Sra. O. K. de Figueres, de 57 anys, soltera, que cobra una pensió de prejubilació de 426 euros, que ha rebut l’ordre del jutjat per desnonar-la de casa seva, i que des de fa més d’un any, viu en el pis sense aigua, ni llum, ni gas perquè el propietari va donar ordre a les companyies de tancar-li els subministres.

Aquesta senyora, des del moment que va tenir el problema d’habitatge, es va dirigir als serveis socials de Figueres, que li van indicar que no podien fer res per ella i que es busqués un pis per viure-hi. Ella va respondre que amb 426 euros i sense contracte de treball ningú li llogaria un pis. L’ajuntament no li va informar que amb la llei 24/2015 està prohibit que ningú a Catalunya es quedi sense subministres, ni van vetllar pels seus Drets obligant al propietari, que és un gran tenidor, o a les companyies pertinents que li tornessin a donar d’alta dels subministres. Tampoc no li van dir que quan una persona és desnonada té dret a un pis de la taula d’emergència social i que mai podrà quedar-se al carrer. O sigui que han estat causant a aquesta senyora un estat de tant sofriment i tensió que li ha originat problemes de salud per alteracions de la pressió, sagnants i depressió.

Aquesta setmana va tornar a intentar parlar amb la seva treballadora social, suplicant que l’atengués, però li van negar l’assistència i li van dir que fins el dia 5 d’octubre no l’entrevistarien.

L’actitud de l’ajuntament de Figueres de maltractar una senyora a qui se li ha negat tot: la informació necessària , l’ajuda legal, la vivenda, els subministres, a qui se li ha mentit i incomplert la llei 24/2015 quant a habitatge i la pobresa energètica, demostra la poca honestetat i poques ganes de col.laborar amb la ciutadania vulnerable d’aquest consistori.

La Taula energètica i d’Habitatge de Figueres es mostra totalment escandalitzada davant d’aquesta postura de negligència i manca de professionalitat de l’ajuntament de Figueres que malauradament s’ha convertit en la seva actitud normal.

Aviso: la responsabilidad del contenido de esta entrada es pura y únicamente competente a su autor.

FAIG UNA CRIDA a la INSUBMISSIÓ i A LA DESOBEDIÈNCIA CIVIL contra tota marginació, humiliació i violència dels poders establerts contra el més vulnerables, així contra tota manipulació dels partits polítics cap als ciutadans INSUBMISSIÓ AL SISTEMA ESCOLAR! PROU NENS VÍCTIMES DEL SISTEMA. PROU PARTITS POLÍTICS ALIENATS AMB EL SISTEMA ECONÒMIC I QUE PERMETEN LES DESIGUALTATS SOCIALS DELS NENS!

Al setembre, arriba el temible retorn dels nens a les institucions escolars pels qui no tenen recursos econòmics, ja que tornaran a reviure el calvari dels altres anys anteriors en sofrir les humiliacions i maltractaments que rebran de les escoles i instituts en ser considerats ciutadans de segona categoria.

Trobo escandalós que els docents acatin amb SERVILISME i SUBMISSIÓ les desigualtats i marginacions originades per les retallades i la mala gestió de la Generalitat de Catalunya en Educació. El nens són segregats, per classes socials, des que comencen l’escolarització: nens amb llibres i nens sense, nens amb material i nens sense, nens que assisteixen a les sortides escolars i nens que no hi poden anar i que s’hauran de quedar sols a casa seva amb tota la desolació, humiliació i manca d’oportunitats que els comporta.. Tot plegat, els portarà cap el fracás esolar i els convertirà en futurs ciutadans de risc.

Hem parlat any, darrere any, com entitat de la Taula Energètica i d’Habitatge de Figueres amb els Directors d’escoles i instituts de Figueres, que per cert, la majoria de vegades, ens han tractat com uns intrusos que envaïem el seu feu…, amb els inspectors i amb tots els partits polítics de Figueres de cara a aconseguir una igualtat en l’educació, però ens hen trobat amb la negativa de tots per a solucionar-ho: P.P., CIU, així com E.R.C. que ens va dir que la educació pública no havia de ser gratuïta, ja que tots els pares tenien el deure de contribuir-hi econòmicament.

Vam anar a parlar amb el portaveu de la CUP conjuntament amb el de SOS EDUCACIÓ (també de la CUP) que tampoc no creien en la necessitat de realitzar una educació igualitària per a tots els infants. Nosaltres els vam comentar la greu marginació que patien el nens amb vulnerabilitat econòmica respecte a l’aprenentatge. Que havíem entrevistat a alguns nens i érem testimonis del drama que els hi suposava aquesta segregació. Els hi vam demanar que no fessin sortides escolars en cas que no hi poguessin assistir tots els nens de la classe, perquè aquesta activitat es convertia en un fet doblement negatiu, ja que per un costat feria greument els nens segregats, i per l’altre “normalitzava” una situació de discriminació cap els altres nens, originant des de la pròpia escola, un sentiment d’insolidaritat i d’indiferència a la discriminació efectuada des del mateix centre entre els mateixos companys.

Així mateix, els hi vam comentar que deixessin d’utilitzar els llibres de text, per tres grans motius:

1) Perquè s’hauria acabat amb la despesa exorbitant que han de pagar les famílies cada any i que origina que moltes no tinguin recursos per poder-los adquirir.
2) Perquè les editorials son grans multinacionals representants del poder financer, armamentístic, de comunicació, religiós… que s’encarreguen d’encaminar als infants cap al sistema polític i econòmic actual.
3) Perquè els mestres podrien preparar un temari pedagògic actualitzat, atractiu i amb conceptes ètics encarat a formar persones analítiques, solidàries, reflexives i insubmisses als poders alienants…

No hi va haver-hi manera de fer-los canviar d’opinio. Els seus conceptes pedagògics no estan oberts ni a cap reforma educativa ni menys a realitzar una INSUBMISSIÓ al sistema educatiu establert pels grans poders. Això comportaria: feina, compromisos, riscos laborals… És més còmode recitar un llibre i portar una política de continuïtat. Els evita problemes.

Per acabar dir que hi va haver-hi professors, que ara els veig encoretjant la INSUBMISSIÓ des del partit de la CUP, que em van amenaçar en denunciar-me per intentar donar suport als nens i fer-los conscienst de la injustícia que estaven rebent en el sistema escolar. Fer reflexionar als nens sobre el dret a la rebeldia per les injustícies rebudes no era ben acceptat pels mestres. Els nens havien de créixer conformamt-se amb el seu rol d’éssers inferiors de segona categoria que mai es podrien comparar amb l’èlit

Aviso: la responsabilidad del contenido de esta entrada es pura y únicamente competente a su autor.